¿ Donde están los bocazas que hasta ahora han gritado hasta la saciedad que con los terroristas no se puede negociar nunca y en ningún caso y, en cambio, defienden el dialogo con lo que algunos llaman piratas somalíes, aunque ellos a sí mismo se puedan considerar miembros de algún movimiento de liberación ?
Y lo de la fragata que no termina de llegar, ¿ no es de chiste ?
2 comentarios:
No le veo la diferencia que tu tienes tan clara, el insigne Santiago González lo exponía así en su Blog:
El País da pistas sobre la estrategia gubernamental:
El secretario general de Política de Defensa, Luis Cuesta, fue concluyente. "No contemplamos una solución militar", dijo. Fuentes gubernamentales explicaron que ninguno de los buques apresados hasta ahora ha sido liberado con una acción de fuerza, que sería muy arriesgada. Otra cosa es intervenir una vez pagado el rescate para detener a los secuestradores y recuperar el dinero. Es lo que hicieron comandos franceses el pasado día 11, después de que los piratas liberasen a los 30 tripulantes del velero Ponant.
No se tomen el asunto a broma, que les veo venir. Hay otros precedentes clásicos que inspiran al Gobierno. Lean cómo contaba Plutarco la aventura de Julio César con los piratas cilicios:
I. ...cuando regresaba (de Rodas) fue apresado junto a la isla Farmacusa por los piratas, que ya entonces infestaban el mar con grandes escuadras e inmenso número de buques.
II. Lo primero que en este incidente hubo de notable fue que, pidiéndole los piratas veinte talentos por su rescate, se echó a reír, como que no sabían quién era el cautivo, y voluntariamente se obligó a darles cincuenta. Después, habiendo enviado a todos los demás de su comitiva, unos a una parte y otros a otra, para recoger el dinero, llegó a quedarse entre unos pérfidos piratas de Cilicia con un solo amigo y dos criados, y, sin embargo, les trataba con tal desdén, que cuando se iba a recoger les mandaba a decir que no hicieran ruido. Treinta y ocho días fueron los que estuvo más bien guardado que preso por ellos, en los cuales se entretuvo y ejercitó con la mayor serenidad, y, dedicado a componer algunos discursos, teníalos por oyentes, tratándolos de ignorantes y bárbaros cuando no aplaudían, y muchas veces les amenazó, entre burlas y veras, con que los había de colgar, de lo que se reían, teniendo a sencillez y muchachada aquella franqueza. Luego que de Mileto le trajeron el rescate y por su entrega fue puesto en libertad, equipó al punto algunas embarcaciones en el puerto de los Milesios, se dirigió contra los piratas, los sorprendió anclados todavía en la isla y se apoderó de la mayor parte de ellos. El dinero que les aprehendió lo declaró legítima presa, y, poniendo las personas en prisión en Pérgamo, se fue en busca de Junio, que era quien mandaba en el Asia, porque a éste le competía castigar a los apresados; pero como Junio pusiese la vista en el caudal, que no era poco, y respecto de los cautivos le dijese que ya vería cuando estuviese de vagar, no haciendo cuenta de él se restituyó a Pérgamo, y reuniendo en un punto todos aquellos bandidos los mandó crucificar, como muchas veces en chanza se lo había prometido en la isla.
Lo malo de los piratas es que no escarmientan en la crucifixión de sus mayores. No saben estos piratas somalíes con quiénes se están jugando los cuartos.
Tras publicar este post, he leído el artículo que copio a continuación y que viene a decir lo mismo, aunque mejor escrito :
Negociar con secuestradores
de El dedo en la llaga de javier
Sigo esperando con creciente impaciencia, ya casi desesperada, el comunicado del PP que condene al Gobierno de España por estar favoreciendo la negociación con los piratas que se han apoderado del pesquero Playa de Bakio en aguas del Índico. ¿No estábamos en que es de todo punto inaceptable negociar con terroristas? ¿No se había establecido como principio insoslayable que constituye un delito intolerable y un crimen de lesa patria ceder a sus chantajes?
“Pero éstos son delincuentes comunes”, me argumenta mi buen amigo Gervasio Guzmán, al que le incomoda mi argumento. “¿Delincuentes comunes? O sea, lo mismo que la gente de ETA, según han insistido hasta la saciedad los dirigentes del PP”, le respondo. Efectivamente, llevo años oyéndoles decir que, para estas alturas, los de ETA son ya sólo una banda de delincuentes que mantienen su actividad para hacer dinero, sin más. Como un modo de vida.
Es decir, igual que los piratas somalíes. ¿Y con aquéllos cabe negociar, e incluso pagar rescate, pero con éstos está prohibido incluso hablar? ¿Y allá mandamos diplomáticos, con todas sus credenciales, pero al que se atreve a intermediar aquí
se le detiene de inmediato y se le conduce esposado a la Audiencia Nacional?
Dejo constancia, no vaya a ser que algún despistado confunda el sentido de mi sarcasmo, que apoyo todas las gestiones destinadas a liberar a la tripulación del Playa de Bakio (a toda, al margen de sus orígenes geográficos). De lo que me quejo (y de lo que me río) es del manejo de esos principios de quita y pon, que se inventan sobre la marcha para usar como arma arrojadiza en una situación concreta y que se esconden púdicamente en cuanto resultan inconvenientes o impopulares. O hay algunas condiciones en las que se puede y se debe negociar y llegar a arreglos con los chantajistas, por desagradable que resulte, o no las hay, en cuyo caso lo que debería exigir el PP al Gobierno de España es que respalde plenamente a la parte de las autoridades somalíes que es partidaria de tomar el barco a tiro limpio para neutralizar a los secuestradores, vivos o muertos.
Pero no sé. Algo me dice que no lo va a hacer.
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