lunes, 25 de mayo de 2009

La violencia de género, los que la presencian y la justicia

Permítame un consejo, caballero. Si se tropieza con un fulano que le está dando una felpa a su legítima, o sucedáneo, piénselo dos veces, incluso tres, antes de meterse en jardines. Estoy de acuerdo en que esas cosas no deben tolerarse. Admito, además, que no permiten reflexión previa, pues actúa el piloto automático. Todo depende de la casta y virtud de cada cual. En principio, ante tales situaciones se es un mierdecilla o un tío decente. Ésa es la teoría ética. Pero estamos en España. Si defiende a señoras maltratadas, sepa a qué se expone. Una juez de Vigo nos lo recordó hace unas semanas, calzándole 3 meses de cárcel y 15.550 euros de multa a un joven de allí. Éste había cometido la ingenuidad de impedir que un pavo maltratase a su pareja. Le afeó la conducta y recibió un cabezazo. Entonces se lio la pajarraca, y el defensor de la moza le dio al otro una patada en la cara, rompiéndole la mandíbula.

Lo instructivo no es que el juicio se haya celebrado tres años después, ni que la defendida –como es frecuente– defendiera al que le zumbaba, en plan soy de mi Paco y puede darme hasta con la hebilla, si quiere. La lección cívica del asunto reside en que la juez, aun admitiendo que la defensa fue oportuna y que el primer leñazo lo sacudió el maltratador, empitonó al defensor de doncellas pese a que la sentencia reconocía que su reacción inicial «fue legítima», que el otro le dio el cabezazo «con ánimo de menoscabar su integridad física»y que el joven largó la patada «para repeler la agresión y evitar que continuase». Pese a lo cual, la juez estimó que la patada en el careto fue, sin embargo, «un exceso defensivo que no puede estar ya justificado por una notoria desproporción en el mismo». Dicho en cristiano, que el joven tenía que haberse defendido, pero menos. Con la puntita nada más. Dando unas pocas bofetadas con la mano abierta, o con unos calculados puñetacitos en el hombro. Una pelea civilizada, vamos. Políticamente correcta. De esa manera, el otro, acojonado, habría dejado de darle cabezazos. Seguro.

Sigue en el blog de Perez Reverte, de donde ha sido recogido.

Y digo yo, ¿No hay nadie en el mundillo judicial capaz de enmendar la estupidez de esta señora de una manera rápida y concluyente, que evite que nuestra opinión sobre este poder pueda, todavía, degradarse aun más?

1 comentarios:

Magneto dijo...

Pues va a ser que no. Hasta los políticos más "influyentes" tienen algún pecadillo que otro...

El PSE tiene como presidente, y candidato por Gipuzkoa, a un maltratador condenado por agredir a su mujer: Jesús Eguiguren.


El 12 de abril de 1992, su esposa, Asunta Zubiarrain, le denunció por malos tratos y, a raíz de ello, el entonces vicepresidente del Parlamento vasco fue condenado a 17 días de arresto menor. Los hechos probados en la sentencia establecen que el dirigente socialista golpeó a su mujer con las manos, un paraguas y un zapato en el contexto de una fuerte discusión conyugal. De acuerdo con la sentencia del juez Fernando Andreu, el secretario general del PSE-PSOE de Guipúzcoa, Jesús Eguiguren, produjo a su esposa hematomas y contusiones en las zonas parietal y occipital del cuero cabelludo, en los hombros, brazos, codos, manos, glúteo y muslos, lesiones que tardaron en curar un total de 20 días y que no dejaron secuelas.




El PSE es el único partido europeo que admite en sus filas a un condenado judicial por violencia de género.




Estos son los que hablan de ética política.