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sábado, 21 de agosto de 2010

Mujer asesinada en Afganistan por motivos religiosos

Los talibán han ejecutado en público a una mujer afgana acusada de cometer adulterio, y según un portavoz de la Policía, es un hecho que recuerda a la época del gobierno talibán en Afganistán.

La mujer, que estaba embarazada, fue obligada a abortar antes de recibir doscientos latigazos y ser ejecutada en público a tiros. La justificación de los religiosos asesinos era "convincente": "Era una viuda. Los tribunales, en ese caso, sentencian a muerte". 

Ante este tipo de noticias es bueno recordar a las mentes más jóvenes u olvidadizas que si los talibanes al día de hoy son lo que son y tienen la fuerza que tienen se debe en gran parte al inmenso apoyo que recibieron del gobierno USA en los tiempos en que les interesaba que hubiese gente que se opusiese a la invasión soviética. 

Y alimentando a la bestia ... al final el "bichito" crece y se te vuelve en contra.

viernes, 20 de agosto de 2010

2320. USA se "va" de Irak

Reinserción sí, así.

La petición de perdón personal a las víctimas familiares es algo necesario, pero se precisa además el reconocimiento de los lazos públicos rotos por el asesinato. Así lo comentó Joseba Arregi en su artículo del fin de semana en elcorreo.com

Afirmar el derecho a la reinserción significa que el preso ha dejado de estar inserto en algo, que ha roto lo que le mantenía inserto en algo, significa el reestablecimiento de los lazos que le sitúan de nuevo en la sociedad, para lo cual se necesita el convencimiento de la sociedad de que el preso ha interiorizado lo que significan esos lazos y su ruptura.

Cuando un miembro de ETA mata a un vecino porque no es suficientemente vasco, porque representa la institucionalización del pluralismo -Estatuto y Constitución-, porque encarna la reforma aprobada por la mayoría de los vascos y no la ruptura revolucionaria, no rompe simple o genéricamente los lazos que constituyen la sociedad, sino que rompe lo que califica a esa sociedad como sociedad política, como sujeto político, rompe con la gramática que regula la conversación pública de esa sociedad, su convivencia pacífica.

La reinserción en el caso de los presos de ETA exige la vuelta a insertarse en aquello que rompieron con su asesinato, en lo que constituye la calidad política de la sociedad cuyos lazos políticos, cuyas características políticas, cuyo lenguaje político, cuyas instituciones políticas quebraron por medio del asesinato.

jueves, 19 de agosto de 2010

Entre medievales y papanatas

Al sultanato-reino norteafricano le interesa mantener vivo el conflicto con España, que pese a ser de baja intensidad y no bélico es muy útil para la estabilidad de la sociedad y del Estado magrebíes, donde la corrupción y el incumplimiento de derechos humanos tienen dimensiones que, curiosamente, en España se difunden con cuentagotas.   

El rebumbio es grande, pero la sociedad española ignora que hará el Gobierno español ante esta enésima provocación. En todo caso, no hace falta ser una lumbrera ni conocer todos los detalles para concluir que, de entrada, los analistas de PSOE y PP deberían dejar de confundir y utilizar la amistad personal Juan Carlos I-Mohamed VI con las relaciones España-Marruecos.
   
Y en segundo lugar, sin llegar a la payasada de invadir otro peñón como el de Perejil, Madrid debería no hacer aprecio (es decir, despreciar) la obra de teatro que se representa en la frontera y ordenar públicamente con bombo y platillo a las fuerzas de seguridad que sigan cumpliendo con rigor y mesura sus funciones fronterizas --tal como vienen haciendo-- y, sobre todo, reconocer al gobierno en el exilio del Sahara Occidental... Y si esto no le gusta a Mohamed VI, el problema es de su régimen, no del Estado democrático de Derecho que es el Reino de España.

Recomiendo la lectura completa del post de Im-Pulso 
de donde están sacados estos párrafos.

Diario de vacaciones. Capítulo 17. Día 19

A las nueve de la mañana sonó el teléfono. El  móvil que solo conocen mis dos hijos. Lo compré cuando Merche y yo nos separamos, para mantener el máximo de contacto posible con ellos. Mi hijo mayor no me llama a menudo, solamente cuando tiene algún problema, o no encuentra algo, o necesita más dinero o no va a venir a casa esa noche. Llamadas que por lo general hace a la noche. En lo que llevábamos del mes de agosto me había llamado en tres ocasiones. Se había ido con su novia, con la que llevaba saliendo la friolera de tres años, toda una eternidad para un chaval de veinte, a Andalucía. Yo lo imaginaba en las playas de Cabo de Gata, entre baños de sol y litronas de cerveza. Un plan estupendo: sexo abundante,  droga ligera y sol en lugar de rock and roll.
En la primera de sus llamadas me dijo que había tenido un pequeño problema con su coche, un aparente toyota “Avensis” de segunda mano, modelo antiguo, color azul oscuro y ruedas comunes, lejos del coche tuneado propio de un joven de su edad, y que necesitaba dinero. Que estaba en Puerto Lápice, de camino. Se le había encendido un piloto a unos pocos kilómetros. Al parecer no hizo mucho caso a la luz. La intentó apagar a base de unos golpecitos laterales en el disparadero, golpes que fueron ganando en intensidad según pasaba el tiempo y la luz permanecía encendida. Me dijo que pensó que la lucecita de marras se había encendido por un problema eléctrico propio de un coche que había traspasado la edad de los grandes viajes, pero que lo que parecía una pequeña tontería se convirtió en humo y mal olor. Detuvo el coche en el arcén, afortunadamente a tan solo cinco kilómetros de Puerto Lápice, y telefoneó al seguro. En poco más de veinte minutos llegó la grúa y coche y pasajeros fueron trasportados hasta el pueblo manchego. Había habido suerte: se había soltado no recordaba que junta y había que ajustarla. No tenemos el coche asegurado a todo riesgo, solamente a terceros, por lo que tuvo que pagar una cantidad que no estaba presupuestada. Le ingresé dinero en su cuenta y pudo pagar el taller al día siguiente. Pasaron la noche en el hotel El Puerto, un lugar sencillo pero acogedor al que solíamos ir toda la familia, Merche y los nenes, como los llamábamos antes, cada vez que bajábamos a Andalucía, que era al menos una vez al año. Así durante diez o doce años. Mi hijo se acordaba del lugar. Me contó, cuando le llamé yo al día siguiente para preguntarle cómo le había ido todo, que cenaron en el hotel. El pidió un pisto manchego y trucha, como cuando era niño. Ella pidió una ensalada repleta de pequeñas aceitunas llenas de aceite y un filete de buena carne. Los chavales de veinte años no se cortan nada. Creo que ni se les ocurrió pensar en la posibilidad de conformarse con un bocadillo. Son otros tiempos. Otro nivel. Buena cena y a la habitación, los dos solos. ¡Qué maravilla! Y al día siguiente fueron a desayunar a la Venta El Quijote, un cafecito con esas pastas que no sé de qué están hechas pero que son ricas y consistentes.


miércoles, 18 de agosto de 2010

Ganekogorta 1.000 m. sobre Bilbao

Fotos de ayer mismo a estas horas (12:00 a.m.)

Diario de vacaciones. Capítulo 16. Día 18

Estoy intentando reinventar mi relación con mi hijo. No quiero que me pase lo que me pasó con el mayor. Al llegar a los catorce o quince años las discusiones se hicieron cada vez más frecuentes y más virulentas. Y las reconciliaciones tardaban más y más en llegar. Con Unai no quiero que suceda lo mismo. Por esa razón tengo que reinventar la relación, nuestra relación. Ya no es un niño permeable a mis consejos y a mis órdenes. Es una persona autónoma que quiere ser reconocido como tal. Que quiere su espacio, que se le respete su espacio. Y parte de ese espacio es toda esa información que ya no transmite, que no me cuenta. Y eso que yo no me puedo quejar. Cuando comento estos asuntos con amigos y conocidos con hijos en una edad similar a la de Unai, me doy cuenta de que aún la cantidad de información que Unai comparte conmigo es muy alta. Y se lo agradezco.
Ayer, sin ir más lejos, me obsequió una maravillosa conversación mientras cenábamos.
Ese jueves José volvió a irrumpir en mi casa mientras preparaba el café que iba a tomar con Conchi. Aún estábamos en la cocina. Acababa de llegar cuando José tocó el timbre. Nada más entrar, casi sin mirar a la mujer, maldijo mi manía de vivir sin un móvil, se dirigió a la terraza y se sentó en una de las sillas. Solamente hay dos. Me preguntó a ver si podía hablar a solas, y le contesté que en ese momento no, porque no pensaba echar a Conchi de casa. Se excusó, pero insistió. Yo insistí, pero entonces Conchi me dijo que ya nos veríamos en otro momento.
-¿Cuándo?, -le pregunté.




martes, 17 de agosto de 2010

80 años del Pacto federal, republicano y laíco

Se cumplen hoy 80 años de aquella histórica reunión. Los tiempos dictatoriales parecían que cerraban su ciclo y se habría la posibilidad de un periodo sin duda mucho más esperanzador.

Aunque en esta cita, la posteriormente llamada del Pacto de San Sebastián, hubo sin duda importantes y significativas ausencias, yo, sin embargo, quiero quedarme con tres de las más importantes reivindicaciones de entonces y que, hoy en día, alguna sigue en el apartado de "pendiente": 

La apuesta por un estado autonómico/federal, republicano y laico.

Diario de vacaciones. Capítulo 15. Día 17

Ese miércoles me desperté tarde. Me despertó el ruido de platos y cubiertos en la cocina. Miré al reloj de la mesilla: las diez y media. Salí disparado de la cama y encontré a Unai  preparando el desayuno.
-Hemos dormido bien, ¿eh?
-Si. Ayer, ya sabes, bajé a la noche, nada más irte tú, a donde José y Marga. Un par de horitas. Llegué, creo poco antes que tú. Me quedé dormido enseguida y, ... hasta ahora.
-Claro. Seguro que tomarías alguna copilla.
-Cava. No sé que celebrábamos, pero nos tomamos dos botellitas de cava. Estaba estupendo.
Miré la hora y comprobé otra vez que en apenas media hora Conchi llamaría a mi puerta. Así que desayuné a prisa y me vestí: pantalón corto y camiseta. Unai se marchó, como todos los días, hacia las pistas de tenis. Y a las once y diez minutos llegó Conchi.
Le pregunté por su hija. “Bueno”, me contestó.  Y tras cinco minutos de conversación intrascendente, mientras bebíamos nuestros cafés en la terraza, a botepronto me soltó.
-Yo ya te he contado un poco de mi vida. Tú aun  no me has dicho nada de la tuya. Eso no es justo.
-Tienes razón, ¿qué quieres saber?
-Háblame de tu vida amorosa.

lunes, 16 de agosto de 2010

Política adolescente. ¿Para cuándo la maduración?

La Diputación de Guipúzcoa ha vuelto a colocar, en la entrada principal de su sede principal, la placa que recoge la declaración institucional "ante la obligación de colocar la bandera española en la sede de la institución" y de rechazo a la misma. Este es el tipo de hechos que te hacen dudar a vece si nuestros políticos y algunos ciudadanos actúan con algo más de criterio que los adolescentes empeñados en hacerte tragar ruedas de molino.  

No se si será de "malpensados" creer que este tipo de gestos pueden distraer a sus votantes de problemas mas serios y reales. No se si es la típica noticia política del verano. En cualquier caso, parece que los derroteros de los próximos meses no auguran mejoras ni mayor seriedad en las propuestas de unos ni en las defensas numantinas de otros. 


Triste, repetido y aburrido verano el que nos están dando con sus monsergas.

Diario de vacaciones. Capítulo 14. Día 16

-Lo peor es el dolor.
Una y otra vez repitió mi nuevo y anciano amigo estas palabras durante la visita que le hice ayer al hospital. Lo peor es el dolor. Porque el dolor no te permite concentrarte en lo que pretendes hacer. Está ahí, presente.
Hace unos años experimenté una sensación parecida. No sé bien porqué razón tuve un pinzamiento en la columna, entre las vértebras cinco y seis. Me desperté un sábado de una siesta larga con un ligero dolor de espalda, a la altura del omoplato izquierdo. Culpé del mismo a la postura en la que me había quedado dormido. Según me dijo mi hijo mayor, testigo de la misma, la cabeza parecía haberse quedado descolgada del cuerpo, que a su vez serpenteaba sobre el sofá. Me desperté dolorido, pero la intensidad de ese dolor recién nacido fue un simple apunte de lo que vendría después. El domingo a la tarde el dolor se hizo más patente. Recuerdo que fuimos al teatro mi exmujer y yo con varios amigos. No conseguí encontrar postura durante las dos horas largas que duró el evento. No dejé de mover el brazo y de poner nerviosa a Merche que, poco dada a hacer alardes de paciencia, no dejó de echarme la bronca durante la obra.  Y en el camino a casa, afortunadamente corto, siguió la retahila. Verdaderamente razón no le faltaba, porque yo me encontraba doblemente nervioso. Primeramente por el dolor, y luego por todos los gestos que hacía. Movía el brazo izquierdo, de arriba abajo, de abajo a arriba. El hombro, adelante y atrás. La cabeza. Me alisaba el pelo, me lo rizaba. El único consuelo que me quedaba es que parecía estar emulando al sin par Robert De Niro en la película “Despertares”.




domingo, 15 de agosto de 2010

2310. ¡Y algunos empeñados en darles canchita!

No hay duda de que si quieres ser optimista, solo tienes que coger las declaraciones ( es decir, los bla, bla, bla, ...) de algunos políticos para convertirte en un ciudadano convencido de que la cosa marcha, lenta pero firmemente y se van dando pasos que conseguirán crear las condiciones para una "negociación política" que nos permitirá a todos y a todas ser mas vascos, más felices y con más perdices. Sin duda. Solo hay que leer algunos titulares de alguna prensa.

Desgraciadamente, cuando dejas la letra impresa, levantas la cabeza, sales a la calle y ves que algún descerebrado, siguiendo instrucciones de los de siempre, ha quemado otro contenedor (Impresionante acción revolucionario que nos sitúa siempre más cerca de la felicidad, según algunos) , escuchamos las condenas de los de siempre y los silencios cobardes y claudicantes de los otros, despertamos del sueño en el que algunos se empeñan en introducirnos y nos damos de bruces con la misma realidad de hace un año, cinco años. quince años, treinta años, es decir, aquella repugnante teoría política de "cuanto peor, mejor". Habrá quien diga que me fije en la mani de ayer donde ni se gritó nada ilegal ni se rompió nada. ¡Ya! Pero eso, a estas alturas de la vida, no me vale.

Lo que no puedo entender es que algunos sigan dispuestos a "darles canchita" mientras ellos no dan ni un paso en la linea que los demócratas exigimos.

Diario de vacaciones. Capítulo 13. Día 15

Lunes. Normalmente en vacaciones todos los días son iguales. Por lo general nunca sé el día de la semana en el que vivo. Desde que encontré a Conchi en la escalera llevo el control de los días. Sé cuando está limpiando la escalera. Calculo cuando va a tocar el timbre. Ese lunes llegó a la puerta de mi apartamento exactamente a las once y veinte. Se había atrasado unos minutos.
-Hola señora escritora, -le saludé mientras la invitaba a pasar mediante una reverencia.
-No me tomes el pelo. ¿Lo has leído?
-Hombre, claro. Fue lo primero que hice nada más llegar a casa.
-¿Y?
-Me ha gustado mucho.
-¿Lo dices en serio o lo dices solamente para cumplir?
-Lo digo en serio. Ya sabes que no soy un experto crítico literario, pero leo libros y puedo asegurarte que he leído muchos relatos  que son mucho más aburridos que el tuyo. No puedo decirte si está bien o mal escrito, pero la historia me ha gustado. ¿Me has traído más?