lunes, 29 de agosto de 2011

La reforma Constitucional y el Derecho a decidir

Resulta curioso que esta reforma constitucional sea consecuencia directa de las exigencias de entidades ajenas al Estado y que indirectamente han demostrado ser las fuerzas que dirigen la economía internacional, nacional, y como rebote, incluso, la economía local y no fruto de la respuesta a viejas reivindicaciones desde dentro de las estructuras democráticas del Estado de derecho.

Así es y no parece que haya alternativa factible, que no implicase un cambio radical de nuestra existencia cotidiana, algo que poca gente desea y/o está dispuesta. En usa sociedad donde parece que Rajoy es una alternativa democrática clara y factible, sospechar que la gente esta dispuesta a grandes migraciones ideológicas que pusiesen en entredicho el actual orden económico mundial no parece razonable.

Y en esta situación donde casi todo el mundo se da cuenta de que una cosa es a quién eliges como tu representante en las instituciones y otra cosa es quién decide lo que ese representante puede hacer o no en función de lo que se le mande desde instituciones  o bien de rango claramente superior, léase Bruselas, o bien incluso desde instituciones al margen del control democrático tradicional, como por ejemplo los poderes económicos multinacionales, resulta curioso observar cómo algunos parecen no darse cuenta y refuerzan estos días su romántica reivindicación del "derecho a decidir", como si este fuese una alternativa real a la problemática internacional actual.



1 comentarios:

Anónimo dijo...

"Ahora, el Gobierno y el PP pretenden que acumule otro déficit democrático todavía peor: la consagración de una política fiscal impuesta, en el mejor de los casos, por dirigentes políticos elegidos en otro país, y en el peor, por los consejeros de un banco central, a los que ningún ciudadano ha votado. ¿Deberíamos incorporar a Merkel, Sarkozy y Trichet al listado de padres de la Constitución? La política económica debe incluirse en los programas de los partidos que concurran a las elecciones y ser sancionados por los electores. O como mínimo someterla a debate y referéndum antes de aprobarla. Coser a la constitución un manual de economía liberal (o intervencionista) es hurtar a los españoles el derecho a decidir qué es lo que quieren." (Jefe de redacción del diario "El Mundo")