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miércoles, 14 de mayo de 2014

La truculenta historia que podemos leer tras el asesinato de Isabel Carrasco

"Fue una venganza". Esas tres palabras, pronunciada desde el primer momento en el que se dio a conocer el asesinato de Isabel Carrasco, han ido tomando relevancia con el paso de las horas.

Por un lado la hija, Montserrat, a causa de un pleito que le puso la Diputación de León tuvo que devolver más de 12.000 euros (inicialmente se hablaba de 60.000 euros) y perdió su piso, al menos, así lo aseguran desde las filas populares.

Por otro lado, esa situación tan dura se complicó con otra historia personal que afectaba directamente a la madre de la despedida, funcionaria de la Diputación. Al parecer, el marido de la hoy acusada por el crimen (inspector jefe de la Policía Nacional en Astorga) tenía una estrecha relación personal con Isabel Carrasco. Demasiado estrecha, dicen en el PP. Y en medio de la confusión, desde el mismo partido, hablan de que eran conocidos, nada más, "el resto es ir demasiado lejos, especulaciones dentro de lo que es esta locura. Especulaciones gratuitas y sin fundamento". 

Los rumores, desde este pasado lunes, se han multiplicado en todas las direcciones, entremezclando la parte laboral, con la parte política y la personal. Un enredo en toda regla.

En todo caso, demasiado daño alrededor, demasiado dolor generado por todas estas situaciones en una familia que lo tuvo todo y en la que todo se desmoronó por la presencia de Isabel Carrasco. Tanto daño acumulado que la madre de la familia González perdió la cabeza y descerrajó cuatro tiros a Isabel Carrasco con la complicidad de su propia hija. Demasiada locura.  Demasiada sinrazón.

(Información recogida del diario "leonoticias.com")

Sin duda llama la atención la actuación humana que puede permitir ver en su entorno cómo una persona, siempre supuestamente, pueda cometer apropiaciones indebidas, al menos desde el punto de vista de la moral mayoritaria (Al menos llegó a ocupar once cargos públicos y eso, se mire como se mire, no es muy normal y permite albergar, cuando menos, importantes sospechas de falta de moral), pero salte como un resorte ante un también supuesto posible "robo" de pareja o consorte.