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domingo, 4 de mayo de 2014

Los enemigos de mi enemigo (NO SIEMPRE) son mis amigos.

EEUU y la UE no aprenden. Empezaron apostando de manera errónea en Afganistan cuando, por intentar putear a los entonces sovieticos y haciendo gala de la estúpida creencia de "los enemigos de mi enemigo son mis amigos", apoyaron y suvencionaron generosamente a los islamistas radicales, yihadistas y fanáticos religiosos en general que, poco más tarde, no solo tomaron el poder, sino que devolvieron la moneda a modo de terrorismo internacional, con torres gemelas y trenes de cercanía madrileños de infausto recuerdo.

Desde entonces no parece que han variado su estrategia. Siria y Ukrania lo confirman. Ayer hablaba de la antigua república de la órbita del imperio ruso. Hoy del país musulmán con las más importantes bases militares rusas del Mediterraneo.

Según la prensa española nada sospechosa de antiamericanismo, desde que los yihadistas del Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIL, rama de Al Qaida) se hicieron con el control de la ciudad siria de Raqqa hace ya más de un año, la lista de brutalidades y violaciones de derechos humanos atribuida a este grupo no ha dejado de aumentar. Su última salvajada es la crucifixión pública como forma de castigo, en una serie de ejecuciones ejemplarizantes.