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miércoles, 4 de junio de 2014

A vueltas con el dilema "monarquia-república".

No es que haya cambiado de opinión de la noche a la mañana en el tema de estos día "República-Monarquia" pero el artículo que ha publicado  - @egocrata en politikon.es es lo suficientemente interesante como para que cualquera de los que estamos más a favor de la tricolor republicana nos lo tomemos con cierto relax reconociendo que al día de hoy la correlación de fuerzas no está para nada todavía a nuestro favor:
¿Dónde se situaría la monarquía parlamentaria? En la mayoría de países, y esto incluye a España, a medio camino entre Alemania y Portugal. Tenemos un jefe de estado que no pinta realmente nada (la vagancia y total falta de entusiasmo de Juan Carlos I son sus principales virtudes. Y lo digo en serio), algo que es bueno, pero está ahí por un accidente genético, algo que no es del todo justo. No es el mejor de los mundos posibles, ciertamente, pero dentro de los ordenamientos jurídicos posibles no es demasiado malo. Europa está lleno de estados que tienen una monarquía hereditaria similar, así que no es que sea una decisión demasiado inusual. Como casi todo en política, es un trade off más o menos aceptable, en nuestro caso para hacer la transición algo aceptable a la derecha. Incluso si uno no se cree el rollo heroico del 23-F, creo que los dolores de cabeza que nos ahorró ese acuerdo no son injustificables.
¿Normativamente, entonces? Sí, en un mundo ideal la monarquía seguramente no sería mi elección. En el mundo real, sin embargo, donde un régimen democrático es un equilibrio que debe contentar a todos, donde aprobar reformas sobre el modelo de estado requiere un capital político enorme que los republicanos carecen y con el país afrontando problemas mucho más urgentes que decidir quién firma las leyes, es difícil que el fervor republicano me emocione demasiado. Tenemos demasiadas batallas reales como para dedicar el tiempo a perder batallas simbólicas.
Una nota final: a efectos prácticos el Rey (y la familia real) es un grupo de diplomáticos que reciben un tratamiento especial allá donde viajan. Como instrumento de política exterior son mucho más útiles que un presidente de la república ceremonial. La familia real británica explota esta aura de realeza de forma inmisericorde ahí donde viajan; el Reino Unido saca unos réditos en imagen y proyección exterior que nunca puede conseguir Hollande o como se llame el presidente de Alemania estos días. Desde este punto de vista, puede valer la pena invertir más en monarquía, no menos, si a uno no le importa inflar el ego a unos tipos que están ahí por casualidad.