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miércoles, 22 de octubre de 2014

Cinco jardines donde Podemos no debería meterse

Imagen y texto de eldiario.es
El primero es no liarse hasta acabar perdidos en su propio laberinto. En política es importante mantener el sentido de la orientación y no quedarse en medio de la nada por querer llegar a todas partes. Nadie es omnipresente. Ni siquiera Pablo Iglesias.

El segundo jardín sería no plantear falsos dilemas. En ninguna parte está escrito que haya que elegir entre participación y eficacia, entre pluralismo y éxito. Es un mensaje que suena viejo. Proclamar esas cosas te echa treinta años encima de golpe. Pedir debate fuera y sostener que dentro supone un atraso y una pérdida de tiempo, antes o después, se paga.

El tercero es no meterse en los jardines donde ya otros que iban a ganar se enredaron y acabaron mal. Cada vez que alguien dice que no es un debate de personas sino de ideas, dan ganas de salir corriendo. 

El cuarto jardín que conviene evitar es aquel lleno de estatuas recordando a quienes ya no están, o están pero como si no estuviesen. Los dilemas del tipo "a quién quieres más, a papá o a mamá", o los mensajes al estilo del "quien pierde se aparta" o "si no gano, me voy", suelen terminar como acaban en Shakespeare in Love las historias donde se niega el amor: "con lágrimas y un viaje".

El quinto jardín sólo requiere elegir con cuidado los espacios. Tiene su gracia asaltar Vistalegre, uno de los iconos del socialismo y el zapaterismo, no lo niego. Pero también tiene un riesgo. Mucha gente puede pensar que para llenar Vistalegre de fans y juntarnos todos en Madrid, porque es donde se deciden las cosas importantes, ya teníamos al PSOE. Inventar los  espacios propios suele invitar más a soñar que ocuparlos.