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miércoles, 15 de octubre de 2014

¿Es democrático el derecho a decidir?

Uno de los aspectos que más llaman la atención en la crisis territorial es la asunción acrítica y casi automática de la izquierda del famoso derecho a decidir. ... 
Sospecho que el aval al derecho a decidir proviene de su asociación retórica con la democracia, entendida esta como voto de la mayoría. Si votar es bueno, el derecho a decidir es bueno. 

Ahora bien, lo que nunca nadie ha pretendido es que la democracia consista simplemente en el método de la votación para tomar decisiones, ni que todas las decisiones se hayan de tomar por votación. Sobre lo primero, ya sostiene Aristóteles, uno de los tempranos estudiosos de la democracia, que también en las oligarquías se vota; sobre lo segundo, es patente que todos los Estados democráticos sustraen no pocas cuestiones del ejercicio del voto. 

A veces en razón de su complejidad técnica; a veces —y esto es lo interesante— porque la decisión podría vulnerar el propio ideal democrático. No hace falta remontarse al polémico ejemplo de dictaduras que han venido precedidas de elecciones. 

Hay otros ejemplos más a mano de cómo a veces se adoptan decisiones en referendos con un resultado que nos cuesta asumir como democrático, como cuando la sociedad de California votó a favor de prohibir el matrimonio homosexual. Pregunto: ¿fue ese ejercicio del derecho a decidir —esa suerte de autodeterminación de los heterosexuales respecto de los homosexuales— ejemplo de democracia? 

Es, sencillamente, una lucha cultural promovida por un grupo considerable de ciudadanos catalanes que no desean ser españoles —y no es de extrañar, porque para bastantes catalanes España ya es sólo esa vieja fea y ladrona de la que se burlan en TV3—, al punto que querrían forzar a los que sí lo son o así se sienten a elegir o marcharse. 

Es una minoría amplia que, por el expediente de no haber querido cambiar de conversación en tres décadas, quizá haya convencido a una mayoría rasa de lo correcto de un empeño amparado en más pretextos que razones.

Pueden ganar o pueden perder, pero, en mi opinión —que no pretendo infalible—, ni defienden ni representan el ideal democrático.