Google+

jueves, 13 de noviembre de 2014

Qatar, Corea del Norte, comunismo, Alá y un objetivo común : la pasta para los mandamases.

Unos tres mil obreros norcoreanos trabajan en condiciones de esclavitud en las obras de Qatar sin recibir un sueldo a cambio, según un reciente artículo de The Guardian. Aunque las agencias estatales de su país que los colocan aseguran que parte de los salarios se envían a sus familias en Corea del Norte, las declaraciones de varios trabajadores parecen indicar otra cosa. Fuentes de la disidencia afirman que el régimen de Pyongyang se queda al menos con el 90% de lo que ganan.

AI, Human Rights Watch, sindicatos e incluso la ONU han denunciado la explotación de esos inmigrantes contratados para levantar las infraestructuras y servicios que exige el proyecto.

El informe de AI se centra en el sistema de patrocinio, conocido en árabe como kafala, que ata a los trabajadores a la persona que les emplea y les pone en peligro de ser explotados. El empleador se convierte en el dueño del obrero al quedarse con su pasaporte y tener la potestad de firmar o no el obligatorio permiso de salida del país, que AI considera “una violación descarada de los derechos humanos”.
Y todo ello entre estados basados en principios totalitarios. Ellos se crean, los unos poniendo el comunismo como motivo máximo, los otros a su Alá y a su religión, y ellos se juntan.