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jueves, 25 de diciembre de 2014

La ilusión, la sal de la vida.


¿Qué fuerza nos impulsa a levantarnos todos los días de la cama y comenzar nuestra rutina diaria?, ¿Qué nos motiva? Tener ilusiones, metas, son el motor de nuestra existencia, aquello que hace que nuestra vida merezca la pena vivirla, que tenga sentido.

Lo primero que debemos preguntarnos es ¿Qué nos gusta?, ¿Con qué nos entusiasmamos?, ¿Con qué disfrutamos? Para unos será preparar el próximo viaje, para otros retomar los estudios, hacer deporte, colaborar en una ONG, escribir un libro, etc. Nuestros objetivos, o ilusiones, en la vida, no tienen por qué ser grandiosos o importantes para los demás, sino que deben tener sentido para nosotros mismos. No nos debe importar lo que piensen las personas que nos rodean. Sólo interesa que para nosotros, nuestros objetivos o ilusiones, sean importantes y gracias a ello tener una vida más satisfactoria y plena.

“La ILUSIÓN es la sal de la vida, aquello que hace que esta valga la pena vivirla” (Rafael Carias)

Es importante tener ilusión en “algo” que nos ayude a mantenernos “enganchados” a la vida y que no sólo actuemos en ella por inercia, como robots. Algunos pensarán que con el paso de los años se van perdiendo las ilusiones o las metas, e incluso que ya no hay objetivos importantes o relevantes que alcanzar. Pero no es verdad, siempre hay algo que hacer o por lo que ilusionarse.

“Los años arrugan la piel, pero renunciar al entusiasmo, arruga el alma” (Albert Schwitzar)

Otras personas piensan que existen algunas circunstancias en la vida, en las que poder ilusionarse es muy difícil; y es cierto. Pero también lo es el hecho de que, precisamente ilusionándonos con algo, poniéndonos alguna meta, es la única manera de superar los baches que se nos presentan en la vida.



No le pidas a Papa Noel que te traiga ilusión, porque tener ilusión depende de ti: busca metas o ilusiones alcanzables. Enfoca tus ilusiones en tareas que dependan de ti, no de los demás. Busca en tus aficiones una tarea ilusionante que sirva como motor en tu vida. Si es posible, deja aquello que no te hace feliz: una relación, un trabajo, etc. Vive el presente, con las menores ataduras posibles, e intentando disfrutar de la vida, cada día.

“¿Me preguntas por qué compro arroz y flores? 

Compro arroz para vivir y flores para tener algo por lo qué vivir” (Confucio).