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sábado, 26 de julio de 2014

06 - ¡Gracias para venir!

6. 


         Hacía mucho frío esa mañana de domingo. Pedro se despertó pasadas las nueve. Lo primero que hizo fue visitar el servicio donde descargó las primeras gotas del día. Había pasado una buena noche. Solamente se había levantado una vez a orinar, y eso para él era todo un record. 

          Luego se asomó a la ventana de la cocina para observar la lluvia caer cansinamente sobre los tejados del barrio. Preparó la cafetera y esperó sentado sobre la robusta escalera de madera que compró meses atrás en IKEA. Fueron casi cinco minutos de espera durante los cuales Pedro planeó su mañana: lectura y música. Hoy escucharía a Monk. Lo llevaba deseando desde que esa semana oyera el célebre “Blue Monk” en la radio, en una emisora que casualmente hizo su aparición en el dial. 

          Cuando subió el café Pedro separó la cafetera del fuego. Cogió del escurreplatos la taza que utilizaba todos los días y que conservaba los restos de los últimos cafés, sacó la caja de leche de la nevera y las galletas “maría” de su correspondiente armario. Todo en perfecto orden. Movimientos aprendidos y horarios similares. El orden le daba seguridad. Le hacía parecer que mantenía el control, y eso Pedro lo necesitaba. Ni mejor ni peor. Él era así. Siempre lo había sido, aunque la edad había acrecentado sus hábitos, como le sucede a cualquier persona. Además vivir solo le permitía encontrar todo en el lugar exacto, en la posición conveniente. 

viernes, 25 de julio de 2014

05 - ¡Gracias para venir!

5. 


        Pedro encontró a sus dos amigos en el lugar habitual, haciendo lo que habitualmente hacían cuando se juntaban un sábado a la tarde en la tienda de la calle Iturribide: beber un par de cervezas. Esta vez les encontró con una guitarra que Robert rasgaba mientras entonaba una de sus canciones habituales, cogida prestada del amplísimo repertorio que constituía la banda sonora de su vida. Nordin le acompañaba golpeando rítmicamente un cajón casero que había fabricado con unas cuantas maderas, dos cuerdas viejas de guitarra y unos cuantos tirafondos. Estaban sentados tras el mostrador de la tienda y aún no habían dado las ocho de la tarde. Hasta ahí, todo resultaba habitual. De momento ninguna sorpresa.

-¡Cómo vivís! Y eso suena bastante bien. Ahora que no hay cenas podéis ganaros unas pelas tocando juntos.

-Tenemos algo para ti, -dijo el americano con su acento gringo. –Mira. 

         Sobre una caja de llena de latas de un refresco de cola que Nordin solía comprar en el Lidl a un precio muy económico,  había un pequeño estuche que parecía guardar algo parecido a un violín en su interior. Robert se acercó, abrió la funda y sacó una mandolina.

-¿Qué te parece? La compré hace años en Estados Unidos, junto con una pistola. Me hicieron un precio especial por las dos cosas. Ayer me acordé de que la tenía guardada en uno de los cajones de mi cuarto y como hace poco me dijiste que te gustaría aprender a tocar la guitarra, te la he traído. No es una guitarra, pero es gratis y suena bien.

-¡Pero no tengo ni idea de tocar la mandolina! –Había llegado la sorpresa. La mandolina no formaba parte del paisaje habitual de una tarde de sábado

jueves, 24 de julio de 2014

04 - ¡Gracias para venir!

4.  


         El café con leche estaba muy caliente. Era imposible dar un trago. Así que Pedro, mientras esperaba a sus dos amigos, decidió comenzar a comer el croissant. Demasiado azúcar, pero estaba rico. Se acodó de los suculentos croissants que comió en Burdeos, en un viaje que hizo a la vecina ciudad francesa hace varios años, junto a Julia. Eran otros tiempos, imposibles de olvidar. Recuerdos que de vez en cuando le asaltaban sin que él lo deseara. Le hubiera gustado ser capaz de dominar su mente hasta el punto de que solamente acudieran a su memoria los recuerdos que él seleccionara y en el momento en el que él lo quisiera. Pero eso era una tarea imposible. 

         En ese momento llegó Robert, ataviado con una boina, un fular de tonos verdes, un gabán con altos cuellos y unas gafas oscuras. 

-¿Tú vas a ir así, sin disfraz alguno? –preguntó mientras tomaba asiento.

-Me pondré la capucha esta, -dijo señalando al gorro que tenía en la sudadera, -y llevaré un periódico para taparme la cara. ¿Te parece?

-Eres un hombre a quien le gusta el riesgo. –dijo soltando una carcajada. –Creo que me gusta demasiado entrar en acción. Me siento pletórico, exultante, ¿se dice así? Subrayé esa palabra hace poco en uno de los libros que he leído este mes. Me pareció una buena palabra. Exultante. Hace a culto.-Hizo una pausa mientras gesticulaba y alzaba el cuello simulando ser un preboste de la cultura hispánica. –A lo que iba, me encanta tener una misión de este estilo entre manos.

-Tengo que confesarte que, aunque lo del dinero no me parece muy correcto, lo del espionaje y el chantaje me gusta.

miércoles, 23 de julio de 2014

03 - Libros: ¡Gracias para venir!

 3.   


         La noche se apoderó de la ciudad pasadas las seis de la tarde. La Navidad se asomaba por todas las esquinas, a pesar de la crisis, de los recortes, del déficit. Al parecer los mandatarios de la agujereada nave habían decidido mantener alta la moral de la tripulación y alegrar las calles con luces, con árboles navideños y con todo tipo de motivos propios de estas fechas.  Pedro caminaba tranquilamente hacia Iturribide recorriendo las transitadas callejuelas del Casco Viejo. Le gustaba observar a la gente desde su anonimato, como si él no fuera parte de ese paisaje humano. Pertenecía a la reducida elite de españoles que navegaban entre la tempestad provocada por el derrumbe de los mercados y la subida de la prima de riesgo dentro de un buen cascarón. Un buen retiro le permitía vivir el día a día sin miedo a naufragar.

         En el “Txiki market” encontró a sus dos colegas, con sendas cervezas, comentando las llamativas cualidades de una clienta que acababa de abandonar el establecimiento.

-Es una lástima que las vascas sean tan estrechas. Esa chica era una preciosidad, pero seguramente todo lo que tiene de guapa lo tiene de cohibida. ¿Está bien dicho? –Robert se animaba cada vez que salía a relucir su tema favorito: las mujeres.

-Dentro de poco te veo sentado en uno de los sillones de la Real Academia. Avanzas a ritmo de Fórmula 1.-Irrumpió Pedro en la conversación.

-El que faltaba. El que presume de puntual. Son las siete pasadas. Luego decís de los moros. Yo aquí estaba, clavado, a la hora estipulada. El africano, perfecto. El yanqui y el europeo tarde.

-¡Qué raro! ¿Robert ha llegado tarde? –Pedro tomó asiento en un taburete junto a sus amigos, al otro lado de la barra, un reducido espacio lleno de cáscaras de pipas, de botellas de cerveza vacías y otros restos. 

martes, 22 de julio de 2014

02 - ¡Gracias para venir!

2.
      

         La mañana siguiente no tardó en llegar. Amaneció temprano, pero la luz del sol no arrancó a Pedro de los brazos de Morfeo. Lo hizo el persistente sonido de su teléfono móvil que no dejó de sonar una y otra vez hasta que el madrileño acertó con la tecla oportuna varios segundos después.

-¿Si? –emitió un sonido similar al de eructo surgido de las más profundas entrañas de su cuerpo.

-Hola. ¿Qué te pasa? ¡Vaya una voz que tienes! ¡Cómo se nota que es viernes y que ayer tuviste cena con tus amigotes! –Era Irene la que había telefoneado pasadas las diez de la mañana. –Te llamaba para ver si querías tomar un café conmigo, pero me parece que te va a resultar imposible todavía. 

-Irene. Perdona, pero ayer me acosté muy tarde y apenas he dormido un ratillo. ¿Qué hora es? –preguntó mientras se incorporaba y llevaba su mano izquierda a la frente, con el deseo inconsciente de librarse del dolor de cabeza que sintió nada más abrir los ojos.

-Según puedo apreciar, demasiado pronto para ti. No importa. Ya quedaremos en otra ocasión. –Lo dijo en un tono que se balanceaba entre la desilusión y el reproche. A Irene no le parecían muy aconsejables esas amistades de Pedro. Éste le había contado algunas cosillas que no eran del agrado de Irene.

lunes, 21 de julio de 2014

01 - ¡ Gracias para venir !

1.


-¡Gracias para venir!

         En el mismo instante en el que Robert se despedía maltratando el castellano con su habitual frase de despedida, tras haber dado su breve pero intenso concierto de los jueves, una vez terminada la cena, mientras los agradecidos comensales degustaban los combinados que les preparaba Nordin, llegó la policía municipal al local clandestino de Iturribide. Fueron dos potentes golpes en la puerta y un escueto pero eficaz “¡abran, policía!”. El silencio se impuso en la sala. Las risas cesaron y durante un instante las catorce personas allí presentes quedaron paralizadas, como si les hubiese atravesado un rayo futurista disparado por un alienígena con ánimo de venganza. Nordin rompió el silencio con unas palabras que no consiguieron tranquilizar a nadielos jueves llena esto de amigos. ¿Es así? – El agente utilizó el más indefinido de los pronombres para designar al trastero de Nordin.

-Casi todos los jueves.-Nordin se arrascaba la parte trasera de su oreja derecha mientras respondía formalmente al guardia.

-¿Y siempre amigos diferentes, gente nueva? -El tono de voz invariable.

-No siempre. En ocasiones, a menudo, vuelven amigos que ya han estado en semanas anteriores. -Nosdín seguía buscando tesoros escondidos en su oreja, ayudándose del índice de su mano derecha. Era un gesto que repetía cuando debía participar en conversaciones que le disgustaban.

domingo, 20 de julio de 2014

"Gracias para venir"

Es el título de una novela escrita por Kerman Ibarra y que os presentaré a lo largo de estos días de vacaciones en los que yo personalmente voy a desenchufar todos mis aparatos electrónicos e incluso, mentalmente, buscaré ambientes que me distraigan de la vida cotidiana.

Feliz verano y hasta la vuelta.