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sábado, 23 de agosto de 2014

Pinceladas de un viaje a ... Mexico D.F. (...4...)

La Ciudad de México es una de las capitales con más museos en el mundo con alrededor de 110 espacios. Yo citaré solo los dos que visité:

El Museo Soumaya es una institución cultural sin fines de lucro con dos recintos museológicos en la Ciudad de México: Plaza Loreto y Plaza Carso. Está dedicado al resguardo, exposición, investigación y difusión de la colección de arte de laFundación Carlos Slim, A.C. y se enfoca tanto a la difusión de su propia colección de arte como a exposiciones internacionales. El nombre del museo honra la memoria de Soumaya Domit,1 esposa del fundador del museo, Carlos Slim, fallecida en 1999.

Pinceladas de un viaje a ... Mexico D.F. (...3...)

La Plaza Garibaldi está situada en la parte centro norte del Centro Histórico de la Ciudad de México en el barrio de la Lagunilla, sobre del Eje Central Lázaro Cárdenas y las calles de Allende, República de Perú y República de Ecuador en la Colonia Guerrero; colinda con el barrio deTepito.
Es famosa por los grupos de mariachis, grupos norteños, tríos románticos y grupos de música veracruzana que ahí se reúnen, vestidos con su atuendo típico y equipados con sus instrumentos musicales. Por muchos años ha sido el lugar de elección para conseguir a un mariachi quien cante o acompañe una serenata, toque y cante en una fiesta de quinceañera, o en algunos cumpleañosnoches mexicanas y otros festejos.

viernes, 22 de agosto de 2014

Pinceladas de un viaje a ... Mexico D.F. (...2...)

Teotihuacan, la ciudad de los dioses, es el nombre que se da a la que fue una de las mayores ciudades prehispánicas de Mesoamérica. Ubicada en una antigua zona de lagos, a unos 40 km. de la capital, en un punto de referencia turístico destacado en un entorno donde, desgraciadamente, el turismo internacional encuentra demasiadas pegas para animarse a visitar estos encantadores lugares Patrimonio de la Humanidad.

Pinceladas de un viaje a ... Mexico D.F. ( 1 ...)

La llegada a México el avión, en sus últimos minutos sobrevolando la capital D.F., permite adivinar antes de pisar tierra, el caos urbanistica de una ciudad que acoge en sus cerros a millones de ciudadanos que malviven en subviviendas en una grado de pobreza dramático.
Una de las mejores maneras de iniciarse en una ciudad es acercándose al centro, adentrarse en la librería Porrua, y en ascensor subir al explendido restaurante "Templo Mayor",ubicado en la terraza del edificio desde el que se puede observar el centro de la capital, con sus ruinas, la catedral y el zócalo de fondo.
El café lo tomamos en el hotel de la misma plaza central, también en su terraza superior, con hermosas vistas a la enorme plaza, sujeto de históricas concentraciones y protestas protagonizadas por el pueblo mexicano.
Un paseo posterior por el Palacio Nacional, viendo los enormes murales de Diego Rivera, la Catedral Metropolitana, con su enorme péndulo que nos alerta de los innumerables movimientos sísmicos que sufre ese territorio, el Monte de Piedad, la plaza de Santo Domingo, que conserva un  particular encanto colonial, donde se ubica el Antiguo Palacio de la Inquisición y durante el día numerosos escribanos se muestran dispuestos a escribierte esa carta de amor, ese documento oficial a la correspondiente administración o a otorgarte un título que siempre has deseado o necesitado para un trabajo o una acreditación.
Terminamos la visita a la zona paseando por la calle Don Celes, donde numerosas librerías acogen libros de segunda mano de todo tipo, temática, edad y/o procedencia.

miércoles, 20 de agosto de 2014

y 31 - ¡Gracias para venir!

31.   

         Seguía haciendo mucho frío en Bilbao. Estaba siendo el invierno más duro de los últimos años. Frío y lluvia. Nieve en el Ganeko y por la zona del Pagasarri. Nieve, mucha nieve, en el Gorbea. Pedro había subido muchas mañanas en el funicular a Artxanda para dar un paseo por las alturas y disfrutar de las vistas. El enclave en el que se asentaba Bilbao era fantástico. Montañas nevadas a un lado, el mar Cantábrico al otro. En el centro una ciudad abarcable y acogedora. 

         Esa misma noche volvían las cenas de Iturribide. Además iban a tocar por primera vez ante un público que no fueran los fugaces y sorprendidos clientes de la tienda de Nordin que, en alguna ocasión al entrar en el establecimiento a comprar algún producto, descubrían a los tres músicos ensayando al otro lado del mostrador. Juntos iban a interpretar, entre otras, una canción de Damián Rice: “Volcano”. Robert con la guitarra y la voz, Nordín con su cajón de elaboración casera y él con la mandolina. Tres acordes que dominaba a la perfección. Mi menor, do y re. Él se encargaría de tocar algunas notas sueltas, para darle color a la canción. Y luego, si esa primera canción salía bien, un viejo tema de Dylan con cuatro acordes: do, fa, sol y la menor. Varias canciones más y fin de la actuación. 

         Así que Pedro se presentó con la mandolina en Iturribide a las cinco de la tarde, tras haber echado una reconfortante siesta. Allí estaban sus dos amigos, ajetreados con la preparación de los platos. Robert estaba preparando unos trozos de sushi, enrollando el arroz, el salmón y el aguacate en las algas que había comprado en aquella tienda de San Francisco donde se encuentran los mejores productos chinos de toda la ciudad. Nordin cocinaba el tallín de pescado, con verdeles. Robert le había ordenado que quitara bien las espinas, pues no era nada agradable pelear con ellas mientras comías. Nordin le dijo que en su país no se hacía tal cosa, que cada uno debía velar por la seguridad de su garganta. Pero finalmente el criterio del americano se impuso. Los comensales que asisten a estas cenas vienen a disfrutar, no a sufrir intentando extraer pinchos de la boca. Ese era el argumento que no paró de repetir hasta que Nordin accedió a limpiar los peces.

martes, 19 de agosto de 2014

30 - ¡Gracias para venir!

30.     

         Pedro e Irene se encontraron a la una en la Ramona. Allí tomaron un vino. Luego, molestos por la pertinaz lluvia y el excesivo frío, caminaron bajo un insuficiente paraguas que había traído Irene hasta la plaza Moraza, dónde Pedro le propuso tomar un segundo crianza. Ella mostró su asombro por los bares de la plaza. 

         A continuación conversaron sobre lo que les había sucedido durante las últimas jornadas. Como venía siendo habitual, la mayor parte del tiempo era ella quien tenía la palabra. Pedro, como siempre, disfrutaba oyéndola. Y así fueron subiendo por la calle Matiko hasta el portal en el que vivía Pedro.

-Es un humilde portal, pero ya verás qué vistas tengo.

         Una vez en el piso, Irene mostró su sorpresa por lo ordenado y limpio que estaba todo. Le gustó la luminosidad y la cantidad de plantas que daban color y dosis de vida a cada uno de los rincones de la vivienda.

         La mesa estaba preparada en la sala, con un discreto mantel de tonos verdes, con las sencillas cerámica y cubertería de ikea. 

          Durante la comida, el bacalao y el cava que Pedro había prometido,  Irene le habló de la amiga suya que se había divorciado recientemente, con la que tal vez montara la tienda de decoración en una fecha temprana. Le contó que llevaba años metida en la política como concejala del Ayuntamiento de Bilbao, y que estaba harta de todo. Le contó que quería dejar la política y dedicarse a algo diferente. El negocio proyectado no tenía más pretensión que la de mantenerlas ocupadas, divertirse y no perder dinero. Ninguna de las dos necesitaba atesorar más euros en sus cuentas corrientes. 

-¿No será tu amiga una mujer elegante, de pelo cardado, bajita y un poco entrada en carnes?

lunes, 18 de agosto de 2014

29 - ¡Gracias para venir!

29.   

         Llovía con rabia. La lluvia atrapó a Pedro bajando por la calle Zabalbide hacia el Casco Viejo. Pensaba que las aguas, otras aguas,  estaban a punto de volver a su cauce. Pedro intentaba recuperar un ritmo de vida más sosegado, tratando de olvidar el trasiego de los últimos días. Confiaba en que esa misma mañana recibiría una llamada de Adrián confirmando su deseo de aceptar la invitación para acudir a cenar ese mismo jueves en la trastienda.  

         La mañana de ese martes había dado un incómodo paseo por las empinadas calles de Santutxu buscando un pequeño bar del que había oído decir que servía un “prosciuto” excelente a cualquier hora del día, como se sirve un rioja. Quería descubrir lugares nuevos con que sorprender a Irene. Quería llevarla a barrios que ella apenas hubiera transitado, a escenarios que Irene, a pesar de ser una bilbaína de pro, jamás había visto. No era tarea demasiado difícil, ya que la vida de Irene había transcurrido y seguía trascurriendo por las transitadas calles y plazas de Indautxu y Abando. El Bilbao más chic. Pedro quería encontrar rincones que distaran de la sofisticación de algunas cafeterías y restaurantes del centro pero que tuvieran un toque especial, bien sea por quien atendía el establecimiento, bien fuera por lo que servían. 

domingo, 17 de agosto de 2014

28 - ¡Gracias para venir!

28

Desanduvieron toda la ruta hasta llegar a la calle donde se encontraba la tienda de decoración regentada por Adrián. Se asomaron con precaución comprobando que esta vez el propietario no apareciera con un cigarro a la puerta de su establecimiento. Tras un breve lapso de espera, Pedro empezó a caminar con decisión hacia su destino. Encontró a Adrián hojeando unas revistas sobre el mostrador, distraído.

-Buenos días, -dijo Pedro nada más cruzar la puerta. –No te asustes, sólo vengo a hablar contigo.

       Adrián ni pudo ni quiso disimular el disgusto que le produjo la irrupción de Pedro en su tienda. Se quedó paralizado, con las manos entre las hojas de la publicación que había estado leyendo, con la mirada fija en el intruso.

-¿Esta vez vienes solo? ¿Dónde están ese par de desequilibrados?

-Están ahí afuera, pero no tienen intención de entrar hasta que yo se lo indique, siempre que a ti te parezca bien. –Adrián escuchaba inmóvil. –Hemos venido en son de paz. No queremos hacerte daño. Queremos poner freno a esta vorágine porque no sabemos hasta dónde puede llegar. Queremos saber cuales son tus intenciones, si podemos hacer algo para reparar lo que hayamos hecho mal.

-¿Todavía no sabes lo que habéis hecho mal? ¿Te parece normal inmiscuirse en la relación sentimental de una persona, y sin atender a más razones, amenazarle y pintarle el escaparate? ¡Y por seiscientos euros! ¡Miserables!

-Tienes razón. Perdimos la cordura. Pero que nosotros la perdiéramos no implica que tú debas hacer lo mismo.