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sábado, 3 de enero de 2015

Casablanca, Marruecos y la religión


Un lugar donde la religión lo impregna todo.
Donde creer es una obligación,
y los autoproclamados transmisores de la verdad,
del mensaje del profeta, de los deseos del único Dios,
copan y dirigen la administración del País.
Donde hasta el Jefe del Estado es considerado
descendiente del último profeta,
y su cabeza es a la vez
máxima representación divina en la Tierra
y el más alto jefe de la administración terrestre.
Un lugar donde el anterior ocupante del trono mandó construir
una de las mezquitas mas lujosa del planeta
y que se encuentra rodeada de chabolas
donde la gente vive en la mas clara e insultante pobreza.
Un país así, al menos a corto plazo, es triste,
y con un futuro oscuro.