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lunes, 9 de marzo de 2015

Y saltó, saltó la chispa, y lo ha hecho por el lado del fútbol. ( ... y II )

Y saltó, saltó la chispa, y lo ha hecho por el lado del fútbol. Fíjense lo que ha pasado: la competición que lleva el nombre del Rey llega a su fin; como rigen los cánones, ha de jugarse el partido decisivo, entre el Barça y el Athletic de Bilbao. La alternativa más adecuada para celebrar el encuentro, según los expertos e incluso según los que van a disputar tan importante contienda, es el estadio Santiago Bernabeu. Por lo que parece, a la entidad que debería acoger el partido, en este caso, no le viene bien esta ubicación, y hace manejar otras alternativas. Es aquí cuando ha empezado a encenagarse el campo, por lo que ahora voy a decir. 

La controversia sobre si ambos equipos, a los que se les adjudican determinadas características relativas a sus respectivos patriotismos, se ha servido en bandeja oscura: escucho los razonamientos (?) y entre ellos toma forma el viejo fantasma anticatalanista y antivasco que se desató en otras épocas y que ahora florece otra vez entre los patriotas acérrimos que no quieren ver ni en pintura a aquellos que no comparten sus ideas o sus pertenencias. Es una lástima. Es la Copa del Rey, por tanto el partido del Rey, y si este país tuviera una idea cabal de lo que significa su esencia constitucional no andaría poniéndole palos en la rueda a esta final y ya se habría decidido el sitio del encuentro, sin necesidad de abrir un melón podrido.


Juan Cruz, ayer, en El País