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lunes, 4 de mayo de 2015

El autobús de la noche del Sabbat y un claustro de instituto.

La ley rabínica impone la suspensión del transporte público en el Sabbat, pero no solo a los creyentes. También a los no creyentes, para que se jodan por no creer. Esta ley religiosa también obliga a que los matrimonios se celebren por el rito judío. Por este motivo, miles de israelíes que desean contraer matrimonio civil porque se declaran laicos o no comulgan con las ceremonias religiosas ortodoxas tienen que trasladarse a países vecinos, sobre todo a Chipre. 

Paradójicamente, una reciente encuesta elaborada por WIN-Gallup en 65 países sitúa a los israelíes entre los menos religiosos del mundo. Mientras la media mundial de religiosidad de los ciudadanos es de un 63%, un 65% de los consultados en Israel se declaran “ateos o no religiosos” frente a un 30% que se considera practicante del judaísmo. 

Pero a pesar de todo, la religiosidad o el deseo de imponer como sea sus "creencias" en Israel llega a tener expresiones violentas. La policía tuvo que intervenir este sábado en pleno Sabbat para controlar una protesta de ultraortodoxos contra una reunión de testigos de Jehová cerca de Tel Aviv. 

Todavía hay gente que se cree la "bondad" de las religiones. Al creerse todas las únicas verdaderas se creen con el derecho de prohibir a los demás que hagan lo que ellos creen que no hay que hacer, y solo lo toleran cuando la correlación de fuerzas no les es del todo favorable. Así todas. Y aquí también. Sin ninguna duda. 

Sin ir más lejos, el otro día, en un debate acalorado en un claustro de instituto se oyó decir al representante religioso en ese centro que en este país hace unos siglos todos eran católicos y no había estas discusiones "pro-laicistas" en los centros educativos. Claro, casi nadie protestaba en público. Y a los que lo hacían esos representantes religiosos "les quemaban por brujería o blasfemia". Pero evidentemente, esa ni era ni es la solución.