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jueves, 4 de junio de 2015

No me toques el himno de España

Se supone que los silbidos son una muestra de rechazo o de reconocimiento (silbar a un cantante durante un concierto no significa lo mismo en todas las culturas). Eso sí, parece evidente que, cuando se silba al himno de un país, es con la intención de rechazo.
Ahora bien, y como afirmaba antes, el mensaje debe ser descodificado por el receptor, y, como los silbidos están despojados de carga semántica, el receptor lo reconstruye según su propia visión del mundo. 
Por eso, para los que son más comprensivos con las reclamaciones catalanas y vascas, los silbidos durante la final de la Copa del Rey son equivalentes a "no me gusta que me nieguen el derecho a votar en referéndum sobre la monarquía y/o la independencia de Cataluña y País Vasco"; es decir, una protesta pero no una ofensa. 
En cambio, los que sean menos comprensivos traducirán los silbidos como "hay que matar a todos los españoles y al Felipe VI el primero"; es decir, una ofensa y una amenaza. Si tú te has traducido los silbidos según esta última opción, es lógico que pidas que juzguen a los hinchas. 
Si lo has entendido según la primera opción, no les habrás dado más importancia que la que tiene una muestra de descontento. En ambos casos, será tu interpretación y solamente eso. Sería absurdo, por tanto, que un juez intentara dilucidar la intención de todos los aficionados que ese día silbaron.