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sábado, 19 de septiembre de 2015

Quien se haya hecho a la idea de que este Papa ha abierto los brazos a todos los renegados de la Iglesia se equivoca

Lo dice el mismo periódico El Correo en su edición de hoy:  Quien se haya hecho a la idea de que este Papa ha abierto los brazos a todos los renegados de la Iglesia se equivoca. A su alrededor sigue existiendo todo un entorno dispuesto a que no se saquen las cosas de madre. 

En las informaciones que se propagan con Francisco de sujeto todo parece que son actos de progresía y esperanza. Un periódico tan poco sospechoso como ‘The Wall Street Journal’ se ha hecho eco del malestar que sienten los jefes del Vaticano ante la presencia de algunos nombres «incómodos» en la lista de invitados que ha elaborado durante meses la Casa Blanca para la recepción del pontífice.

Asistirá gente como Gene Robinson, un obispo episcopaliano ya retirado que se hizo famoso por ser el primer prelado gay. O el transexual Vivian Taylor, director de la organización episcopal Integrity USA, que aboga por la inclusión de homosexuales y transexuales, y que irá acompañado de representantes de organizaciones similares en la Iglesia católica. Simone Campbell, directora ejecutiva de la organización Network, que desde hace una década vive embarcada en campañas tan «marxistas» para la derecha católica estadounidense como la paz, la reforma migratoria, la sanidad universal o la justicia económica. Hay que recordar que la Conferencia Episcopal de EE UU piensa seguir dando la batalla a la reforma sanitaria que inicio Obama y a cualquier legislación que comprometa las creencias más conservadoras de sus líderes.

Let it be, Artur.


Se lo han dicho en inglés, en francés, en alemán... 
Se lo han dicho desde Londres, Berlín, Bruselas y Washington. 
Se lo han dicho de todas las maneras posibles. Pero él sigue haciendo como que no oye. 
Ya sólo falta que se lo digan cantando: déjalo estar, Artur.

viernes, 18 de septiembre de 2015

Felipe Gonzalez, Chile, Venezuela y los DD.HH

No soy partidario de Marudo y sus "políticas"
No creo en semejantes mamarrachadas políticas.
Sin duda, es un peligroso delincuente político y social.

Ahora bien, las palabras del ex-presidente resultan 
especialmente dolorosas para la gente 
que ha sufrido la persecución política y el asesinato 
en el régimen militarista del hijo-puta de Pinochet.


"España es una gran nación". ¿Qué tal? ¿Siente algo especial?

Imagen y texto sacados del blog "Zona Crítica" de eldiario.es

Isaac Rosa
Yo, nada. Bueno, sí: pereza. Y un poco de vergüenza. Vale, golpéenme con una bandera talla Colón, acúsenme de mal español, No me avergüenza serlo. Pero tampoco me enorgullece, que es a lo que voy.

(Abro un paréntesis deportivo: ayer fui intensamente español durante hora y media. España-Francia, baloncesto. Sufrí con los nuestros ("los nuestros", sí), vibré con ellos, celebré sus canastas y lamenté las del rival, animé con ganas (esa cosa tan boba de gritarle al televisor)… Como ven, supero la prueba de españoleo, pónganme un suficiente: el patriotismo deportivo es el mínimo común a la inmensa mayoría de españoles, pero también el máximo para muchos de nosotros. Orgullosamente españoles durante noventa minutos cada pocos meses. Y tan contentos, para qué más.)

Insisto: no tengo ningún complejo con ser español. No quiero ser otra cosa. Lo que me avergüenzan son los gritos de rigor, las banderas gigantes, el himno que nunca me supo levantar, y el alzamiento solemne de manuales de historia ("¡la nación más antigua de Europa!"). Pero se puede ser español sin toda esa cacharrería encima. De hecho, es como somos españoles la mayoría. 

Si algo bueno han tenido estos últimos cuarenta años es la desactivación social de toda una tradición de españolidad agresiva y excluyente, que dividía entre buenos y malos españoles. El españoleo como arma arrojadiza y calibre con que medir la calidad de los aquí nacidos no ha desaparecido del discurso político, pero sí en la calle. Quiero pensar que pertenezco a una generación a la que le da la risa cuando dice frente al espejo "España es una gran nación".

Habrá quien piense que esa falta de sentimiento es un fracaso de la democracia, del sistema educativo y cultural, no haber sido capaz de construir un patriotismo democrático que reemplazase al herrumbroso patriotismo franquista. Pero qué va. Es una ventaja: yo quiero vivir en un país sin alardes, un país de ciudadanos antes que de patriotas, donde uno hasta encuentre simpático aquello que Galdós atribuyó a Cánovas: "español es el que no puede ser otra cosa". Cuando más cómodos nos sentimos como españoles es cuando nadie nos exige el taconazo de adhesión inquebrantable, cuando somos españoles sin más, sin tener que saltar el listón de la españolidad.

Quiero creer que somos mayoría los que desearíamos que los catalanes se quedasen porque quisieran seguir con nosotros, por un proyecto común o simplemente por estar cómodos, o no más incómodos que teniendo que construir nada menos que un nuevo Estado (que ya son ganas). Que no tengan que quedarse por obligación, ni por miedo al ejército, al apocalipsis o a quedarse fuera del mundo.

Somos muchos, más de los que parece, los que estamos hartos del Día de la Marmota

Isabel Coixet / Getty Images
Autora del texto en

politica.elpais.com
Somos muchos. Más de lo que parece. Más de lo que todo el mundo cree. Pasamos casi desapercibidos, caminamos de puntillas. 

Somos los tímidos que nos callamos en algunas discusiones porque lo nuestro no es discutir, los que no sabemos a quién votar porque nos parece que la votación está mal planteada de raíz, los que estamos encerrados con un solo juguete y ansiamos salir porque pensamos que sin juguetes, ahí afuera, también se puede jugar. 

Nos dan apuro los gritos, los himnos, las marchas, las banderas, los discursos. No son para gente de nuestra calaña, pero somos perfectamente capaces de tolerarlos y de respetar a los que vibran con ellos aunque carezcamos de ese esquivo gen que nos permitiría pasarlo en grande en los pasacalles.

No nos cogemos de la mano, no ponemos banderas en los balcones, nos quitamos, con educación pero con firmeza, de encima a los postulantes que llaman para contarnos la buena nueva. 

Contemplamos a los líderes de los partidos de aquí y de allí con la misma mirada de estupefacción que reservamos para los momentos álgidos de los reality de la tele. 

Lo malo es que no paramos de preguntarnos en bucle: ¿Tanto costaba relajarse un poco y aparcar las amenazas y los victimismos? ¿Tanto? ¿Por qué no dejaron en su momento el "y tú más" de patio del colegio? ¿Por qué?

Para nuestra desgracia, no hemos sido ungidos con la fe y la confianza en un país mejor que iluminan la vida cotidiana de muchos de nuestros compatriotas. 

Creemos que la historia no es un memorial de agravios, sino un instrumento para aprender de los errores. Pensamos y sentimos de otra manera: somos los pusilánimes que en su día votamos confiando (sí, craso error) en que el diálogo político iría por otros derroteros: igualdad, justicia, fraternidad, solidaridad, honestidad, armonía, ayudar a los vecinos, sentido común... 

Somos tan ilusos que lo único que queremos es vivir en un lugar que se llame como se llame y tenga la bandera que tenga, pero en el que la justicia funcione sin trabas, los que mandan no metan mano a la caja, las carreteras tengan el firme en buen estado, los médicos y las enfermeras de la sanidad pública tengan tiempo para atendernos, donde cada uno pueda hablar y cantar y trabajar en el idioma que quiera, las escuelas públicas enseñen a los niños a pensarla y luz, el gas y el agua y un techo estén garantizados, los bares pongan un café decente y poca cosa más. Y donde, a ser posible, los discursos, a menos que los escriba David Foster Wallace, queden relegados a los banquetes de bodas o a los aniversarios de los centenarios de la familia.

Ahora, desde hace demasiados años, nos sentimos atrapados en el tiempo como Bill Murray en El día de la marmota

jueves, 17 de septiembre de 2015

El fútbol y los malditos derechos de TV


Uno puede tener en casa una tarde como hoy ochenta canales a su disposición pero los malditos "derechos" televisivos de las multinacionales han complicado en grado extremo que miles de aficionados rojiblancos hayamos podido seguir el partido de la Europa League: solo lo da Orange TV, que no ofrece su servicio en bares, y los abonados a la plataforma online de beIN Sports, han podido, y han hecho posible que podamos verlo. 

De todas maneras, una cosa es que al cliente le pille de improvisto y otra que algunos dueños de bares se hayan enterado a la hora de dar comienzo el partido del asunto. 

Y por último, tiene narices que sea una empresa de capital "catari" la que tenga los derechos televisivos para este tipo de partidos. Los que quieren cargarse el fútbol no lo podrían hacer mejor.

Divagaciones sobre el nacionalismo y el independentismo.

Vivir en Euskadi implica conocer el nacionalismo. En sus dos versiones, aunque una tenga mucha mayor presencia social, política y cultural que la otra: La que defiende la vigencia del Estado sobre la base de una única nación, la española y la que aspira a modificar el estado actual de cosas, entendiendo que el pueblo vasco tiene derecho a tener su propio Estado. 

Imagen y texto sacados
del blog de Txema Urkijo
Lejana ya la época del romanticismo que los vio crecer y los impulsó, como el exponente máximo de su manera de ver la colectividad, la exaltación de la nación como valor central de la cosmovisión política subsiste entre nosotros sin aparentes síntomas de debilidad o decadencia.
Ninguno de ellos – ni el vasco, ni el español – ha conseguido atraparme entre sus redes, pese a los influyentes contextos en los que me ha tocado vivir. La cuestión de las identidades y el sentimiento de pertenencia, sin embargo, me apasiona y he sentido siempre una irrefrenable curiosidad por conocer y, sobre todo, entender, los entresijos de una forma de pensar cuya traducción política es asumida por muchas de las personas con las que trato habitualmente.
Entiendo el nacionalismo o el patriotismo cultural, pero no la inevitabilidad de su traducción política en términos de aspiración estatal. Por eso, siempre acudo a las dos grandes preguntas: ¿Por qué la independencia? ¿Para qué la independencia?.

Por otra parte, estoy convencido que su entusiasmo con la independencia tiene que ver más con una reacción lógica y natural ante tanta torpeza política, tanta agresión injustificada, tanto nacionalismo español visceral beligerante, tanta falta de respeto, en suma, a esa hermosa tierra, sus gentes y su cultura.

¿Egocéntricos o ingenuos?


No entiendo a las personas que, 
por el motivo que sea,
para impedir o boicotear un acto 
con el que no están de acuerdo, 
se atan o encadenan a un lugar, 
pensando que sus contrarios, 
se van a ver en la obligación de suspender 
cualquier actividad hasta que ellos 
sean liberados de las cadenas 
que se han autoimpuestos.

¿Egocéntricos o ingenuos?


miércoles, 16 de septiembre de 2015

¿Tiene el pueblo de Tordesillas derecho a decidir?

Parece que el alcalde del pueblo que últimamente se ha hecho especialmente conocido fundamentalmente por su famosa salvajada, para dar una salida al problema que le amarga la vida un día al año por lo menos a su máxima autoridad, haya decidido sumarse al carro del "derecho a decidir" y, qué mejor que convocar un referendum entre sus feligreses, es decir, entre "los suyos", para dar carpetazo a tan curiosa y extemporánea discusión. 

¿Tiene derecho a decidir un pueblo si sigue o no con sus sacrosantas tradiciones?

Es lamentable que todavía en pleno siglo XXI semejante estupidez pueda plantearse, aparentemente, en serio.

Para todos los que dicen #NoAlToroDeLaVega


Desde el 2004 el PP se ha centrado en "utilizar" Cataluña. Y el resultado nos ha salpicado a todos.

Rajoy y Mas, dos personajes que han arruinado el largo idilio de Convergencia con el PP, de Catalunya con España. 

Detrás de ese desprecio que se lanzan a la cara los presidentes, se esconde una dote muy preciada, más votos. 

A ambos, a Mas y a Rajoy, les es muy rentable electoralmente alardear de lo mucho que se odian, alimentar y sembrar la cizaña entre cada uno de sus respectivos votantes.

Las ventajas del enfrentamiento Rajoy-Mas es algo que ni tan siquiera los propios interesados discuten. Porque si existe una historia de amor larga en el tiempo, esa es la del PP y CiU. 

Pero la estrategia política del PP desde que perdió las elecciones en 2004 se ha centrado en utilizar a Cataluña. Primero utilizó el Estatut contra Zapatero y ahora está usándola para presentarse como el garante de la unidad de España.

¡Cómo me gustaría que la ciudadanía el 27 tenga claro este asunto.!

martes, 15 de septiembre de 2015

Todo ha ocurrido ya. La historia se repite ... 1700 años después.

Interesantísima reflexión de Perez Reverte sobre los tiempos que estamos viviendo en Europa y su futuro poco prometedor :

En el año 376 después de Cristo, en la frontera del Danubio se presentó una masa enorme de hombres, mujeres y niños. Eran refugiados godos que buscaban asilo, presionados por el avance de las hordas de Atila. Por diversas razones -entre otras, que Roma ya no era lo que había sido- se les permitió penetrar en territorio del imperio, pese a que, a diferencia de oleadas de pueblos inmigrantes anteriores, éstos no habían sido exterminados, esclavizados o sometidos, como se acostumbraba entonces.

Y es que todo ha ocurrido ya. Otra cosa es que lo hayamos olvidado. Que gobernantes irresponsables nos borren los recursos para comprender. Desde que hay memoria, unos pueblos invadieron a otros por hambre, por ambición, por presión de quienes los invadían o maltrataban a ellos. 

Pagamos nuestros pecados. La desaparición de los regímenes comunistas y la guerra que un imbécil presidente norteamericano desencadenó en el Medio Oriente para instalar una democracia a la occidental en lugares donde las palabras Islam y Rais -religión mezclada con liderazgos tribales- hacen difícil la democracia, pusieron a hervir la caldera. Cayeron los centuriones -bárbaros también, como al fin de todos los imperios- que vigilaban nuestro limes. Todos esos centuriones eran unos hijos de puta, pero eran nuestros hijos de puta. Sin ellos, sobre las fronteras caen ahora oleadas de desesperados, vanguardia de los modernos bárbaros -en el sentido histórico de la palabra- que cabalgan detrás. 

A ver si nos enteramos de una vez: estas batallas, esta guerra, no se van a ganar. Ya no se puede. Nuestra propia dinámica social, religiosa, política, lo impide. Y quienes empujan por detrás a los godos lo saben. Quienes antes frenaban a unos y otros en campos de batalla, degollando a poblaciones enteras, ya no pueden hacerlo. Nuestra civilización, afortunadamente, no tolera esas atrocidades. La mala noticia es que nos pasamos de frenada. La sociedad europea exige hoy a sus ejércitos que sean oenegés, no fuerzas militares. Toda actuación vigorosa -y sólo el vigor compite con ciertas dinámicas de la Historia- queda descartada en origen, y ni siquiera Hitler encontraría hoy un Occidente tan resuelto a enfrentarse a él por las armas como lo estuvo en 1939.

El ciudadano es mejor ahora que hace siglos, y no tolera cierta clase de injusticias o crueldades. La herramienta histórica de pasar a cuchillo, por tanto, queda felizmente descartada. Ya no puede haber matanza de godos. Por fortuna para la humanidad. Por desgracia para el imperio.

Europa o como queramos llamar a este cálido ámbito de derechos y libertades, de bienestar económico y social, está roído por dentro y amenazado por fuera. Ni sabe, ni puede, ni quiere, y quizá ni debe defenderse. Vivimos la absurda paradoja de compadecer a los bárbaros, incluso de aplaudirlos, y al mismo tiempo pretender que siga intacta nuestra cómoda forma de vida. Pero las cosas no son tan simples. Los godos seguirán llegando en oleadas, anegando fronteras, caminos y ciudades. Están en su derecho, y tienen justo lo que Europa no tiene: juventud, vigor, decisión y hambre. 

En ese trayecto sólo hay dos actitudes razonables. Una es el consuelo analgésico de buscar explicación en la ciencia y la cultura; para, si no impedirlo, que es imposible, al menos comprender por qué todo se va al carajo.  La otra actitud razonable, creo, es adiestrar a los jóvenes pensando en los hijos y nietos de esos jóvenes. Para que afronten con lucidez, valor, humanidad y sentido común el mundo que viene. Para que se adapten a lo inevitable, conservando lo que puedan de cuanto de bueno deje tras de sí el mundo que se extingue. Dándoles herramientas para vivir en un territorio que durante cierto tiempo será caótico, violento y peligroso. Para que peleen por aquello en lo que crean, o para que se resignen a lo inevitable; pero no por estupidez o mansedumbre, sino por lucidez. Por serenidad intelectual. 

De toros, maltratos, asesinatos, y ... tradiciones seculares

Los hay que siguen intentando justificar acciones 
que en pleno s. XXI cualquier persona civilizada 
la calificaría de peligrosa y/ salvaje 
en nombre de la sacrosanta "tradición".


Todas las tradiciones deberían actualizarse
 (readecuarse, sustituirse o eliminarse )
y pongo tres ejemplos :
Los "ofrecimientos" del Athletic a la Virgen.
Los desfiles unisexuales de Irún y Hondarribia
Los "encierros" por calles con miles de personas en ellas.

Así es más facil entenderlo todo :


lunes, 14 de septiembre de 2015

¿Hablaba algo de castellano Carlos I cuando llegó a España?

Para quienes esperaban un nivel de documentación histórica a la altura de la serie «Isabel» supuso un primer mazazo, en el estreno de «Carlos, Rey Emperador», el hecho de que el Príncipe de los reinos hispánicos -más tarde Emperador V de Alemania- hablara desde un primer momento un perfecto castellano sin el menor atisbo de acento. 

La realidad sobre su llegada a España fue mucho menos romántica. Carlos de Gante había recibido una educación estrictamente europea y apenas chapurreaba el castellano, lo cual causó malestar entre la nobleza española, que percibía como extranjero al nieto de los Reyes católicos.

Queda inaugurado el puente de Gehry




«Superar esta brecha social será complicado»

No puedo estar más de acuerdo con mi amiga Teresa, una mujer catalana de origen y vasca de residencia, que ha sido invitada a analizar las elecciones catalanas y toda la problemática que las envuelve en este 27-S y que puede leerse junto con otras opiniones en el periódico de Vocento.

Su piel le trasmite «preocupación» por una sociedad ya dividida y una posible «fractura social difícil de remontar». Aunque respeta todas las ideologías, también la independentista, tiene la sensación de que existe «mucha presión de los nacionalistas, no tanto ideológica, sino psicológica y emocional».

No sabe qué ocurrirá tras las votaciones, pero sí es firme al afirmar que «podía haber sido evitable si el verdadero problema que existe en Cataluña es el de la fiscalidad, y entiendo que haya un agravio comparativo con Navarra o el País Vasco, con cupos que, sin embargo, Pujol rechazó en su momento». Por ello, estima que «de no haber recurrido el PP el Estatut durante el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero se hubieran alcanzado una reforma de la fiscalidad y acuerdos distintos».

En su opinión ésa es sólo una causa. Otra podría estribar en los perfiles psicológicos tanto de Rajoy como de Mas. «Esa personalidad tan narcisista» del catalán y «la pétrea» del gallego, «de que yo soy inmune a todo lo que pasa a mi alrededor y pongo la directa y tiro para adelante». Ahora, «el proceso ha llegado a un punto en el que nadie se puede echar atrás».

La consecuencia es «el daño causado a la sociedad catalana, porque superar esa brecha social que se ha abierto será complicado», con discursos que son ya «un memorial de agravios» que va penetrando en todas las capas.

¿Y el después del 27-S? Teresa se lo pregunta también, porque «los jubilados tienen que seguir cobrando las pensiones, los hospitales tienen que estar abiertos...».

Mientras en Euskadi, según la funcionaria, que también llegó al País Vasco enamorada, «ya se ha pasado esta enfermedad con Ibarretxe, aunque con menos fiebre. El nuevo lehendakari seguramente va a buscar otra vía, más de diálogo... Con un poco más de cuidado para no romper todos los platos».

domingo, 13 de septiembre de 2015

He aquí tres armas de destrucción masiva :


“Las iglesias, las parroquias con las puertas cerradas no se deben llamar iglesias, sino museos”

Lo podría haber dicho yo. Pero no. Lo ha dicho el Papa. La pena es que esta frase y muchas de las que ha dicho durante su gobierno en el Vaticano se quedan como decía la canción, "blowing in the wing", es decir, en el aire, encantan a sus seguidores progres, pero no van mucho más lejos, no dan el paso necesario para poder permitirnos creer que eso que dice va en serio y no se queda en humo más o menos progre.

¿Por qué no acepta Francisco que todas esas miles de construcciones levantadas con el esfuerzo de toda la gente de un pueblo o ciudad cuando se era católico o te quemaban en la hoguera, todas esas miles de construcciones que posteriormente la organización que preside las ha hecho suyas legalmente ante la pasividad de los gobiernos de los estados, que hoy en día están cerradas y no se usan para el culto por falta de "ovejas", .... puedan volver a ser usadas por toda la ciudadanía? 

¿Por qué no se ceden ya a la sociedad para un uso laico de los mismos?


Para todas esas personas que ahora se indignan porque vamos a acoger a personas refugiadas.