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domingo, 10 de enero de 2016

Un "gato" con MAS de siete vidas.

Imagen y texto de www.eldiario.es
El thriller del "procés" catalán volvió a darnos otro sobresalto este fin de semana. Después de varios años de emociones al límite, tras habernos comido las uñas hasta el hueso en incontables momentos, y haber dado por muerto al protagonista ya no recuerdo cuántas veces, esta vez el guionista recurrió a un clásico del cine de acción: el “cable rojo-cable azul”, la bomba con el cronómetro hacia atrás, la tenaza que no se decide a cortar…
Cuando ya los espectadores nos tapábamos con la manta para no mirar, el héroe cortó el cable bueno y la bomba de la repetición de elecciones no estalló. Qué poco ha faltado, sí, pero el "procés" gatuno ha gastado otra de sus siete vidas y sigue vivo. Los sepultureros lo dieron por muerto cuando el Constitucional anuló la consulta; tras celebrarse la consulta informal; cuando Convergencia y ERC no se ponían de acuerdo en la lista conjunta; la noche del 27S al no haber mayoría de votos... Y una y otra vez, el protagonista se levantaba, se sacudía el polvo de los escombros, y seguía corriendo.
En las últimas semanas algunos habían puesto a enfriar el cava (sí, el cava) porque esta vez era la definitiva, de esta no saldría vivo. Algunos ya habían echado cuentas de ganancias y pérdidas en nuevas elecciones, y de las consecuencias para la formación del gobierno en España. Pero nada: en el último suspiro, cuando ya nos tapábamos los oídos para la explosión, cortaron el cable correcto. El reloj de la bomba no se detuvo, sino que ganó tiempo: otros 18 meses, los que empiezan a contar desde hoy para la “desconexión”.
Es verdad que en cada percance el héroe sale más magullado. En el último, Artur Mas decapitado y la CUP maniatada y apaleada. Pero no nos precipitemos al valorar en caliente lo acordado este sábado. Si fuese un acuerdo para una legislatura convencional, diríamos sin duda que Mas acepta echarse a un lado, y a cambio arrastra a la CUP por el fango. Pero ojo, hablamos de una legislatura de “desconexión”, con una hoja de ruta muy clara, negro sobre blanco.