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viernes, 29 de enero de 2016

Vino, tradición e imposición religiosa.

Una vez más, bien por Hollande, por no ceder al chantaje de los fanáticos de la religión.

A diferencia de Italia, donde las autoridades decidieron tapar las esculturas de desnudos para no ofender al invitado, los franceses no están dispuestos a realizar concesiones. 
Ni el programa nuclear, ni Siria han sido motivos de discrepancia. 
El vino en la cena es lo que divide a los presidentes de Francia e Irán. 
Nadie les obligaba a beber, pero sus ideas no pueden ni debemos permitir que salpiquen  ni se impongan al resto.