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miércoles, 25 de mayo de 2016

La derrota por los pelos de la ultraderecha en Austria debería hacernos despertar

Se suponía que la extrema derecha europea estaba muerta y enterrada, pero su ataúd se ha abierto y sus partidarios acechan al continente una vez más. Este fin de semana, casi la mitad de la población de Austria votó a favor de un candidato de ultraderecha.
Foto y texto de  www.eldiario.es/theguardian
Austria está sin parpadear. Desde 1945, ningún movimiento de la derecha extrema y xenófoba había tenido tanto apoyo en el continente. 
De Polonia a Italia, de Suiza a Grecia, de Suecia a Países Bajos, la derecha radical está emergiendo. Por supuesto, no es un fenómeno limitado a Europa: por todo el Atlántico, una "derecha alternativa" racista e islamófoba se está movilizando detrás de la apuesta presidencial de Donald Trump.
Sin duda, esta es una historia de injusticias económicas –magnificadas por la crisis económica de 2008– en colisión con el espíritu anti-inmigrantes. Pero también es producto de la crisis de la socialdemocracia. En la Europa de la posguerra, la socialdemocracia dio representación política a la gente trabajadora y utilizó el poder del Estado para mitigar los excesos del capitalismo. Pero su base tradicional –una clase trabajadora industrial y un pueblo de clase media progresista– ha evolucionado y se ha fragmentado.
La socialdemocracia se ha derrumbado como fuerza política coherente en Europa. Las frustraciones, inseguridades y miedos que están alimentando a la derecha radical y a la nueva izquierda no van a desaparecer, sino que aumentarán. La respuesta al resultado de Austria, pendiente de un hilo, no debería ser el alivio, sino una violenta llamada a despertar.