Google+

lunes, 4 de julio de 2016

Se acabaron las fiestas. Balance.

Parece que avanzamos poco. Pasito para adelante, pasito para atrás.
Este año el ruido, como símbolo mágico de la fiesta ha sido un protagonista especial. Y digo ruido, no música, porque cuando oyes dos, tres o incluso cuatro focos de sonido diferente desde un mismo sitio no puedes hablar de un mensaje musical definido y sí de un ruido absolutamente ridículo.

Desde un punto concreto, el ancla que está detrás del ayuntamiento, sin exagerar lo más mínimo, se podía escuchar la música en directo procedente del Laiak, la que salía desde sus altavoces situados en el exterior, la de las txoznas ubicadas a 100 metros y la procedente de la plaza delante de la casa consistorial, a menos de 50 m. Si mezclar dos es una tontería, cuatro ni te cuento ¿No? ¿Qué oyes? ¿Música o simplemente ruido? Lo dejo a vuestra discreción.

El haber juntado todos los focos de interés musical en el mismo sitio ha resultado ser absolutamente ridiculo. Ya se que la autodenominada izquierda abertzale quería seguir junto a la iglesia, que la razón les ubicaba en el parking situado a la entrada del pueblo como ocurre en muchos pueblos y municipios europeos, y el alcalde, para marcar territorio, parece haber decidido que lo mejor era "ni pa unos ni pa otros", "en el centro y a tomar ... por el saco".

Los vecinos encantados de que corten la carretera general, los camiones que se dirigían hacia Urduliz y no se les había comunicado el cierre de una calle estratégica encantados con la marcha atrás. Me imagino las ambulancias las fiestas del 2017 hacia el hospital. En fin, un despropósito que solo la cordura y la capacidad de liderazgo pueden subsanar. No sé si queda ni una ni otra.


Eso sí, hoy no han movido ni un pelo para desmontar el engendro. Tendrán permiso del alcalde para descansar del ruído que han metido. Mañana es día de trabajo y la calle seguirá cortada porque así lo ha decidido la autoridad vigente.

Y a parte del ruido, el resto bien, aunque sigo sin entender por qué en unas fiestas de toda la ciudadanía, un grupo con intereses políticos determinados tenga que ser el que dé el pregón de unas fiestas que superan claramente su ideología partidista. 

Y aunque a eso también llevemos muchos años acostumbrados, no está mal que cada vez que se produzca se recuerde desde alguna esquina que no todo el mundo está de acuerdo con esa manera de organizar las fiestas. 

Y que nadie responda con que para eso hay que ir y participar en la comisión por que es una excusa torpe y ridícula.