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sábado, 10 de septiembre de 2016

Entonces discrepar se pagaba con la muerta. Y treinta años después, algunos todavía mantienen el miedo a discrepar y defender sus opiniones sin miedo a la marginación.

María Dolores González Katarain, más conocida como 'Yoyes', recogió en un diario sus reflexiones y temores más profundos tras dar un paso que la marcaría para siempre: abandonar ETA. Lo comparaba con un marido al que la mujer ha dejado pero que, mientras no todo el mundo lo sabe, mantiene la esperanza de que ella vuelva. Desgraciadamente cuando la banda se dió cuenta de que la decisión no tenía vuelta atrás, al estilo de los mas dramáticos casos de rupturas matrimoniales, y al grito de "o eres mía o de nadie", ETA la asesinó.

Renegar del uso de la violencia con fines políticos y hacerlo de forma pública, pese a que su deseo era cortar con su pasado de forma discreta, le costó la vida y sirvió a la organización terrorista para frenar cualquier intento de seguir sus pasos a otros militantes.

El 10 de septiembre de 1986, tal día como hoy hace 30 años, los que fueron sus compañeros en la banda terrorista durante más de una década la asesinaron en su pueblo natal, Ordizia, delante de su hijo, Akaitz, de tres años. 

La valentía que demostró 'Yoyes' en una época en la que las víctimas de ETA se contaban por decenas contrasta con el escenario que vive hoy Euskadi. 

Y aunque la banda se resiste a autodisolverse y diga mantener una tregua, según dicen "definitiva", y con una apuesta por la sección más importante de la izquierda abertzale tradicional por las vías pacíficas, desgraciadamente podemos observar todavía como en ese mundillo una parte importante del mismo se resiste a condenar los asesinatos que se cometieron.

Entonces, dejar las armas se pagaba caro. Ahora se puede afirmar con rotundidad como el paso de los años no ha hecho más que darle la razón. Esperemos que a los que todavía les cuesta hacerlo no tarden otros 30 años más.