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sábado, 29 de octubre de 2016

Rodear el Congreso es confundir el continente con el contenido.

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Rodea-Congreso-investidura-Rajoy
El Parlamento es el Estado y pertenece a los ciudadanos, que hace siglos decidieron subcontratar la gestión de lo público a unos agentes llamados políticos a los que se les pagaría por tan valiosa misión. La única autoridad de las instituciones no es en este caso Verónica Pérez, sino todos nosotros y los 'nosotros' que vendrán.
La convocatoria yerra en la dirección postal de la cita. Para mostrar la indignación contra el Gobierno, la abstención del PSOE o los políticos y sus políticas no hay que ir al Congreso, sino a las sedes de los partidos, que están al timón y haciendo pespuntes torcidos en lo que llamaremos historia de la democracia. Cuando se nos hayan olvidado las caras y las voces de sus líderes, el Parlamento seguirá en Carrera de San Jerónimo.  
El Congreso que será acorralado metafóricamente este sábado ha parido leyes como la de la sanidad pública, la abolición de la mili, el matrimonio homosexual o la ley del divorcio. Otra cosa es el papelón de sus inquilinos, cuyos nombres se olvidarán mucho antes de que se renueven las alfombras del hemiciclo.