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viernes, 21 de octubre de 2016

Tras las elecciones del 20-D, el partido de Pablo Iglesias prefirió desalojar al PSOE de la oposición antes que al PP del Gobierno, y al final ... otra vez frustración.

Si el guion de la investidura a finales de este mes se desarrolla conforme a lo previsto y Mariano Rajoy acaba otra vez en La Moncloa y el Partido Popular en el Gobierno, nos encontraremos otra vez con una reedición de la frustración del 15-M, pero esta vez aumentada porque el instrumento construido para representar aquel movimiento, aunque pasara de la calle al Parlamento, no solo se quedará en la oposición sino, a pesar de las pretensiones de Pablo Iglesias de ser la única, verdadera y contundente oposición, en una oposición irrelevante.


¿Por qué irrelevante? En política, aunque los votos se traduzcan en escaños, si estos no se traducen en influencia, tampoco lo hacen en políticas y por tanto no cambian la vida de la gente. Y con la correlación actual de fuerzas en el Parlamento, el no de Podemos a las propuestas del Partido Popular estará siempre garantizado de antemano, así que ni el PSOE ni Ciudadanos tendrán que negociar nada con la formación morada. Cada propuesta que el Gobierno quiera sacar adelante tendrá,137 votos favorables (los escaños del PP) y 90 contrarios (Unidos Podemos, ERC, CDC y EH-Bildu), lo que convertirá a Ciudadanos, PSOE y PNV, que sumarán 122 escaños, en los partidos decisivos a la hora de condicionar la agenda legislativa del Gobierno.