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miércoles, 30 de noviembre de 2016

Hillary, todas las explicaciones del mundo, menos que sea una mujer.

Tú no me conoces, pero hace unas semanas lamenté profundamente tu derrota. No, no te vi llorar, pero sé que lo hiciste. Perder siempre es una decepción; perder contra Donald Trump (racistamisógino y acosadorfascista) es una indecible humillación. Perder habiendo logrado dos millones de votos más que tu adversario es una ironía cruel. Ahora, claro, llegan todas las explicaciones: Michael Moore ya lo había advertido; el candidato demócrata con más posibilidades era Bernie Sanders (pese a que quizá también habría perdido); la ansiedad económica de la clase media del Rustbelt, el cinturón industrial de América, ha empujado a los que temen perder sus puestos de trabajo a votar en masa por Trump; los mecanismos del sistema de elección indirecta en una democracia que dan más peso a los estados rurales; tu legendaria falta de empatía; el tratamiento paternalista que la prensa le dio al fenómeno Trump y por el cual el New York Times ha entonado un mea culpa; el hecho de que pertenecieras al establishment político; el voto de castigo a lo Brexit... Todas las explicaciones del mundo, menos que seas una mujer.
Porque hay cientos de explicaciones, unas válidas y otras menos, y una sola realidad: antes que elegir a la candidata más preparada, avalada por su trayectoria política, progresista, comprometida con las minorías y la protección del medio ambiente, los votantes norteamericanos ha optado por un millonario estafador que se pasó meses sosteniendo que Barack Obama no era norteamericano, que se ha negado a hacer pública su declaración de la renta como había sido preceptivo en todas las elecciones norteamericanas hasta ahora, que defiende la construcción de un muro para mantener a los inmigrantes mexicanos fuera de EEUU y confeccionar un listado de musulmanes residentes en el país, y cuyos nombramientos para su futuro gabinete son una broma macabra. Si esto fuera una película, sería ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú. 'Spoiler alert': la genial película de Stanley Kubrick es una sátira cruel sobre la locura, la guerra y el fascismo, y aunque te ríes mucho, no termina bien.