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miércoles, 14 de diciembre de 2016

Condena cívica y política, sí, Pero no se debe apagar el fuego echándole gasolina.

Romper fotografías del Rey o quemarlas no debe convertirse en una victoria de la CUP en su presión a las autoridades catalanas y en la pugna que mantiene contra los que considera prácticamente sus archienemigos, el conjunto de los españoles. 

elpais.com/elpais/opinion
Las gamberradas son lo que son: actos inciviles, por más solemnidad de la que pretendan rodearse sus autores, que suponen estar en condiciones de hacer tambalearse a España a base de provocaciones.

No se debe apagar el fuego echándole gasolina. Hay que dejarse de mandar a la fiscalía y a la Audiencia Nacional a todo provocador deseoso de proyectarse a la fama tras vivir unos minutos de gloria patrióticos. 

Carece de sentido perseguir judicialmente las groserías y los actos inciviles como si fueran ataques insufribles al sistema constitucional. Sus autores no están en condiciones de ponerlo en riesgo; la prueba reside en que diversas oleadas de alborotadores no lo han logrado en 38 años.

El verdadero riesgo es que termine arrastrando a la justicia a la espiral de acción y reacción que pretenden desencadenar los provocadores.

Por otra parte, el sector representado por Puigdemont, gente en general bien educada, tendría que reflexionar sobre si tiene algún sentido dedicar parte de sus energías a buscar justificaciones a los diversos actos inciviles que se les vayan ocurriendo a los radicales, no vaya a ser que tales socios se enfaden tanto que hagan tambalearse al propio Gobierno catalán.