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lunes, 19 de diciembre de 2016

El oso ecuménico que Rajoy lleva dentro.

Sospecho que falta poco para que el Gobierno abra en Euskadi un despacho como el de Soraya en Cataluña. No se trata sólo de negociar el apoyo del PNV a los Presupuestos, sino de una estrategia general de deshielo que riegue las macetas nacionalistas tanto como las socialistas: en Ferraz, más que despacho, el PP directamente ha puesto cocina. Todas las fuerzas opositoras son susceptibles de caber en el abrazo de don Mariano, el oso ecuménico que sofoca la discrepancia ideológica en su tecnocrático regazo. El Rajoy de la mayoría ensimismada ha mutado sin dificultad en pastor del pacto, y no debería sorprendernos de quien en 2008 se desembarazó de liberalismo y conservadurismo para inventarse el marianismo.

Con este PP todo es negociable salvo alguna cosa, por ejemplo la unidad de España, lo cual nos alivia mucho. Lo será sin embargo la política penitenciaria. Se desatará la polémica en cuanto 
Zoido sugiera el acercamiento de los presos etarras, pero a mí me convence el argumento de Redondo Terreros: el alejamiento obedecía a la lucha contra una banda activa; desaparecida la causa, no hay motivo para perpetuar el efecto. Cuando suceda, poco le importará al presidente el recuerdo de Ortega Lara y otros símbolos de la derecha sociológica, porque la personalidad de Rajoy ha modelado un PP gaseoso, que se expande y se mezcla porque ni pesa ni dura. Por eso la irritación de Aznar. Toda identidad se nutre del antagonismo, pero contra don Mariano no se puede vivir. Es como escupir al cielo. Ahí están las testas colgantes de Mas o de Sánchez, coronadas con su propia saliva. En el Parlamento a menudo don Mariano pica como una abeja, pero en algunos despachos flota como una mariposa. Sin dejar de hacer el oso.