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viernes, 23 de diciembre de 2016

Tras el asesinato de su representante, Rusia sale reforzada dentro del triangulo que controla la zona.

Dicen que cuando el pasado lunes el embajador ruso en Ankara era asesinado (porque Rusia desafiaba el dominio de Turquía y sus aliados sobre Siria), Vladimir Putin iba a ver una obra de teatro de Griboyédov, dramaturgo y diplomático ruso, asesinado en 1829 en Teherán por un grupo de ciudadanos enfurecidos por el humillante Tratado de Turkmenchay, que Rusia imponía a Irán tras la victoria en la última guerra entre ambos estados.

El atentado, que muestra los graves problemas de seguridad en Turquía, más que dañar las relaciones entre Moscú y Ankara, transmite un mensaje al propio Erdogan: ¡no será difícil acabar con él! 

El “Estado Profundo” que domina el escenario turco y allí lo llaman “mentes oscuras”, integra a miles de agentes de la CIA, Mossad, BND, Mit, Gulenista (o sea, Gladio), etc., y está provocando una guerra civil, que apunta además al propio presidente.

En fin, los acontecimientos no resultan ser siempre lo que parece y las balas que asesinaron al diplomático de Putin enviaron también un aviso a los representantes de Ankara antes de reunirse con sus homólogos iraníes y rusos en Moscú para decidir los siguientes pasos en Siria sin contar con EEUU y Arabia saudí.