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jueves, 19 de enero de 2017

El término “conflicto” es interesado y fatuo y lo de "presos vascos" no sé si incluye a los carteristas y asesinos en serie.

Texto e imagen de
www.eldiario.es/norte/vientodelnorte/josu-montalban
Dijeron que “miles de personas exigen en Bilbao un cambio en la política penitenciaria”. Es verdad, pero todo es muy engañoso, porque a la cita convocada por la plataforma llamada SARE, ocasionalmente útil para los presos y sus familias, no acudieron los partidos políticos vascos más importantes. 

Curiosamente el ex etarra Otegi estaba mientras tanto en Berlín falseando la realidad y reivindicando “la libertad de los presos políticos vascos”. De modo que, de un plumazo, los presos de ETA se han convertido en presos políticos. Lo que Otegi dijo en Berlín contrasta con la pluralidad que vio el responsable de SARE, Joseba Azkarraga, en la marcha de Bilbao en la que, al parecer, se defendían los derechos de los presos asesinos de ETA como si se estuviera defendiendo a un carterista, a un matón o a un traficante de drogas … 

Y al mismo tiempo Urkullu buscaba en el Vaticano la mediación del ”número dos” (el siguiente al Papa Francisco en el escalafón) Monseñor Paroli, para consolidar la paz. Urkullu buscaba en el encuentro con Paroli un impulsor de la convivencia que no debería ser necesario, porque el diagnóstico de la situación actual es coincidente para casi todos, si bien no lo son ni la terapia a aplicar ni las actitudes de los líderes vascos.

Por otro lado, SARE hace un importante esfuerzo intentando naturalizar un hecho tan brutal (la violencia terrorista en Euskadi y en España), pero se equivoca cuando no exige a ETA su disolución. El comunicado leído por SARE es delatante. Se inició en un tono poco edificante y desafiante: “¡Que se nos oiga, que se nos sienta, que se nos vea en Madrid y en París, en las cárceles y en el exilio!”. No dijeron nada de los cementerios en los que reposan las víctimas que asesinó ETA.

Deberíamos sacar conclusiones. También SARE, que no ha contado con la aquiescencia y el respaldo de ningún partido político vascos, salvo los adscritos a la llamada Izquierda Abertzale. Euskadi (más aún Euskal Herria) quiere otra cosa, aunque venga inducida por Monseñor Paroli desde los aledaños de la Capilla Sixtina. Lo que no necesita son agitaciones absurdas.