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viernes, 13 de enero de 2017

Las denominaciones de calles no deben de ser necesariamente nombres propios.

Esta semana algunos se han rasgado las vestiduras porque los otros han replanteado el nombre de una famosa calle bilbaína. 

No deja de sorprenderme lo fácil que resulta a unos y a otros "saltar" ante las provocaciones baratas y facilonas de los "contrarios políticos" y lo difícil que les resulta explicar por qué lo que critican como antidemocrático en algún momento lo han vivido como razonable desde el otro lado de la barricada.


Hoy un diario bilbaíno publicaba un artículo sobre el tema y dejaba en el aire una cuestión bastante razonable. ¿Por qué Bilbao mantiene el nombre de un militar que sitió la ciudad y quitó el del sitiado para sustituirlo por el de un nacionalista con méritos para ser recordado según los seguidores del partido en ese momento en el poder?

Cada vez es más difícil aceptar o asumir de una manera mayoritaria un nombre propio como calle, plaza o avenida de tu localidad. No hace falta llegar a soluciones numéricas como en La Habana o Nueva York, aunque confieso que para turistas es una manera sencilla y fácil de situarse. Con buena voluntad, sin ganas de avasallar, con interés de consensuar la solución es muy sencilla.