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domingo, 1 de enero de 2017

Prueba superada. ¡Que te den 16!

La última semana del año suele moverse entre lo excitante y lo agobiante. Excitante porque todo el mundo parece dispuesto a invitarte a tomar una copa para celebrar que el año termina pero la vida sigue y ellos también. Lo de agobiante es por la angustia de rematar bien el año, de querer tenerlo todo controlado y bien preparado antes de que nos den las uvas, incluidos los insufribles balances anuales de la empresa. ¡La cuadratura del círculo, vaya!
Sin embargo, si esta semana es taquicárdica la noche del 31 de diciembre es insufrible. Sin duda alguna, la peor noche del año para pasarlo bien y disfrutar de la alegría y la diversión tranquilamente. Millones de seres agitados por la histeria colectiva se lanzan a la calle a gozar la última noche del año como si fuera obligatorio pasárselo bien, o si fuera la única noche en la que estuviera permitido disfrutar. Error inmenso error. Quizá si uno es muy muy joven puedas necesitarlo, pero hoy, por suerte, cualquier noche del año, entre amigos, es más entrañable que cualquiera de estas programadas por decreto.
La sobrevalorada madrugada del 31 es de las peores del año por múltiples razones. Todos los lugares –públicos y no públicos- están repletos de gente con ganas de felicitarte el año nuevo y besuquearte para demostrar lo inmensamente felices que son, aunque no lo sean o no te conozcan de nada, ni les importes un comino pasado mañana. Y eso, cuando se tienen las fuerzas justas, solo se sobrelleva con "maldita apariencia". Además de estar repletos, los bares, restaurantes, discotecas, etc., te pegan la gran “clavada” del año. esa noche hay barra libre para la picaresca y para los abusos de todo tipo.
Yo he sobrevivido dignamente, en familia, por cierto, y todos mis deseos más o menos posibles y realizables los he enfocado en otros, no en mí, que ya he asumido el slogan de "virgencita, virgencita, déjate de hostias, y que me quede como estoy".