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martes, 28 de marzo de 2017

¿Y si los militantes se divorcian de los votantes?

En España, el PSOE se enfrenta a unas primarias complicadas tras la traumática salida de Pedro Sánchez. Éste se arroga el calor de las bases y tal vez lo tenga en cierta medida, pero los votantes le fueron dando la espalda en las citas electorales: consiguió 5,4 millones de votos en junio de 2016, frente a 5,5 millones en diciembre de 2015 y los 7 millones que había conseguido el PSOE en 2011. No se puede decir que su estrategia atrajera a más votantes.
En Andalucía, el PSOE de Susana Díaz en 2015 perdió terreno en 2015 y sumó 1,4 millones de votos frente a los 1,5 millones de 2012. La emergencia de Podemos dificultó la mayoría absoluta que sumaba con Izquierda Unida y Díaz gobierna tras un pacto con Ciudadanos.
La situación es de alerta para una izquierda europea que parece haberse quedado sin discurso (con la interesante excepción de Schulz en Alemania). Pero conviene no confundir el mayor riesgo, ya que es doble: el primero es el peligro de divorcio entre los líderes y las bases; pero el segundo y principal es el riesgo de divorcio entre esas bases y los votantes. Si eso se produce, si los votantes no acompañan a los militantes en sus decisiones, los socialistas españoles, británicos y franceses deberán hacérselo mirar.