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jueves, 6 de abril de 2017

La clave está en el "Clemenza" del ministerio.

Si había alguien lo suficientemente ingenuo como para creer que la comisión de investigación sobre las cloacas de Interior, con la grabación de la conversación entre el ex ministro Jorge Fernández y el ex director de la Oficina Antifraude de Cataluña, Daniel de Alfonso, como punta del iceberg, iba a arrojar algo de luz sobre el lodazal, la sesión de ayer en el Congreso fue lo suficientemente bochornosa como para hacerles perder toda esperanza.

Una vez más se ha demostrado que las comisiones de investigación, tal y como están diseñadas, sólo sirven como escaparate para el lucimiento de individuos cuya principal cualidad es su capacidad para la provocación y sus ansias de protagonismo. Desde luego, el presidente de la comisión, el peneuvista Mikel Legarda, no hizo su trabajo, que consiste en mantener un cierto orden y el respeto a las mínimas normas de cortesía parlamentaria.

Lo peor, sin embargo, de lo ocurrido ayer es que los ciudadanos siguen sin saber cómo, quién, por qué se grabó esa conversación y a qué se debe que su filtración se llevara a cabo casi dos años después de que se hubieran producido los encuentros en la sede del Ministerio.

No sabemos si Rufián se ha leído lo publicado en los medios, lo que sí sabemos es que ha visto El Padrino varias veces. En una de sus preguntas -hecha con la voluntad clara de que no hubiera respuesta- inquirió a De Alfonso: “¿Quién es Peter Clemenza? ¿Sabe usted quién es Peter Clemenza?”.

Seguramente, la inmensa mayoría de los presentes en la sala no sabían quién era ese tal Peter Clemenza, a no ser que hubieran visto la película de Ford Coppola. Clemenza era un asesino a sueldo, el brazo ejecutor de Don Vito Corleone, el jefe de la familia mafiosa, papel que Rufián atribuye al ministro Fernández Díaz en su particular recreación de los acontecimiento. Aunque él no lo sepa, en efecto, la clave está en Clemenza.