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lunes, 24 de abril de 2017

Que un director de periódico se ofrezca a fabricar noticias falsas contra un Gobierno autonómico para favorecer a un amigo implicado en un caso de corrupción, no es normal.

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Hay que decirlo con claridad. 
Que un fiscal de Anticorrupción trapichee con sus subordinados, ofreciéndoles autorizar un registro a cambio de que renuncien a calificar a un delincuente como miembro de una organización criminal, no es normal. 
Que un director de periódico se ofrezca a fabricar noticias falsas contra un Gobierno autonómico para favorecer a un amigo implicado en un caso de corrupción, no es normal. 
Que el presidente del Gobierno de la nación sea convocado como testigo en una causa contra la financiación ilegal de su partido, no es normal. 
Que los responsables de las empresas públicas las utilicen de forma sistemática como patrimonio para especular y forrarse, no es normal. 
Ya ha pasado el tiempo de resguardarse, taparse la cabeza y esperar a que amaine el temporal. En España, hoy, sólo queda una raya y ni siquiera es roja. Es tan negra como el desprestigio de sus instituciones, un fenómeno que, desde luego, no es normal.