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martes, 30 de mayo de 2017

Estimado Pedro :

el diario.es/tribuna abierta
Has demostrado ser un líder, has demostrado valor, has renunciado a un escaño por principios, no hay ejemplos como el tuyo por desgracia en la política española actual, y has defendido tus principios contra el poder demandando ayuda a los que en pura democracia son los que deberían mandar y a los que los aparatos nunca se lo permiten. Puedes estar orgulloso, te han respondido.

Has vencido a los poderes fácticos –del partido y de fuera del partido–, a los poderes políticos, económicos, de comunicación. Pero siendo importantísima la victoria contra todo y contra todos, para mí no es lo más importante, ¡ni muchísimo menos! Lo verdaderamente importante es la ilusión que has generado, que la gente de izquierdas vuelva a creer en la política. ¡Cuidado Pedro!, que no es cosa menor. Al contrario, es una enorme responsabilidad, si estáis a la altura de las expectativas creadas, el camino a la Moncloa está abierto. Si por el contrario no lo estáis, la frustración será definitiva.

Con los resultados electorales del 2015 y el 2016, los españoles les dijeron muy clarito a los partidos de la nueva y la vieja política que tenían que ponerse de acuerdo.

Que no te enreden Pedro, lo que esperan los españoles son soluciones a sus problemas y no obstrucciones a la justicia ni numeritos. Tienes 84 diputados, pero sobre todo tienes a una sociedad ilusionada y esperanzada. No les defraudes, tienes la obligación de proponer alternativas, el PP no está en condiciones de liderar una política de regeneración democrática. Tuya es la responsabilidad y la obligación de encabezarla, plantéaselo a las fuerzas políticas –a todas–, en formato de moción de censura preferentemente. Solo así sabremos los ciudadanos a qué juega cada uno en esta partida tan seria e importante para España.
Si las fuerzas políticas están a la altura de las circunstancias y se aprueban las reformas necesarias, entonces será el momento de convocar elecciones y que los ciudadanos decidan. En caso contrario que cada palo aguante su vela.