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jueves, 1 de junio de 2017

El vértigo catalán

La imágen y el artículo de Kepa Aulestia
sigue en la página de LaVanguardia
El procés se acerca a la hora de la verdad señalada por sus impulsores. Septiembre es ya ineludible; bien para posponer sine die la convocatoria del referéndum prometido, bien para que el secesionismo opte por una fórmula plebiscitaria alternativa, como unas nuevas elecciones. 

La palabra dada conduce al independentismo a una situación de vértigo cuando sabe que ni habrá referéndum ni tiene sentido que recree otro 9-N. Si a estas alturas optara por conceder y concederse una moratoria respecto a sus propios objetivos, serían miles y miles los entusiastas que se verían defraudados precisamente en el instante definitivo, cuando esperan que se les anuncie el día del desenganche con España. 

Pero, al mismo tiempo, cualquier modificación en el calendario que relaje las prisas independentistas aliviará la angustia de muchos que desean un Estado catalán pero no ven claro hacia dónde van las cosas y, sobre todo, relajará el ambiente propiciando la gestación de otras salidas. De esas que no convencen del todo a nadie pero tampoco disgustan excesivamente a nadie.

El vértigo es el estado natural de la política cuando las convicciones o las pretensiones particulares se llevan al límite. Llegados a ese punto sus protagonistas recurren a la consabida terapia preventiva, dando por sentado que en realidad son víctimas de un ánimo antidemocrático, de un cerco urdido por fuerzas que se oponen al destino natural de todo pueblo o clase social. No se sienten culpables siquiera de un deficiente sentido de la realidad. 

Lo suyo no sólo es legítimo, sino que constituye la única manera de hacer realidad el ideal democrático. Claro que enfrente se topan con otros que piensan lo mismo en sentido diametralmente opuesto. En el vértigo las apelaciones al diálogo ni se oyen. Quienes no acaban de darse cuenta de haberse salido de la realidad necesitan creer que son los demás los que se han quedado fuera de contexto. La incapacidad auditiva pasa a formar parte del programa político.