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martes, 10 de octubre de 2017

Cataluña. Otro cuento. Primero viagra, luego gatillazo, nadie satisfecho.

¿Qué es lo que ha dicho? ¿Somos o no somos independientes? Las interrogaciones acotan el desconcierto que ha producido en su propia grey la independencia con marcha atrás de Puigdemont. Y describen la incredulidad del ufano gentío que se había reunido para celebrar la proclamación de la república catalana a semejanza de una orgía. Proclamarse se proclamó con fórmulas quiméricas, pero se crionizó casi al mismo tiempo, de tal manera que la muchachada indepe no pudo gozar con el orgasmo ni experimentar el sueño húmedo de la patria resarcida.


Se demuestra así la influencia tragicómica que ha ejercido sobre Puigdemont la obsesión de Escocia. Pues la jornada histórica del 10-0 se ha resuelto como una ducha escocesa. Del calor al frío, el president enardece al "poble" con una dosis de viagra y lo traumatiza después con el gatillazo, así es que las gentes no sabían si celebrar la noticia o lamentarla, más todavía cuando la pasividad de los "cuperos" demostraba que el discurso carecía de ardor rupturista y que el retraso de la declaración -una hora- obedecía a la división de la sagrada familia.