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lunes, 9 de octubre de 2017

La tela y las ratas

Por fin, y esto en cierto modo me tranquiliza porque creo que aporta una cierta sensación de normalidad, ha salido a la palestra uno de los temas de fondo que hasta ahora se había conseguido silenciar y que no es en absoluto insignificante: el dinero. El asunto de la tela. La tela tiene su importancia. Y mueve el mundo, no lo olvidemos. 

Alguien comentaba un día de estos que en el referéndum legal por la independencia de Escocia de hace tres años el porcentaje de voto favorable se iba reduciendo en función de la edad de los votantes. Carlin (hijo de escocés) opinaba un par de días antes que el sentido del voto iba a ser mayoritariamente sentimental. Sin embargo, ganó el ‘no’. Ganaron los viejos. 

¿Es que nadie piensa en los viejos? Es un error: cada vez hay más. Quizá no se les vea exhibiéndose en las redes pero están ahí. Lo de la esperanza de vida no es ninguna broma y puede convertirse en un problema (lo menciono lateralmente). Pero es estúpido fingir no verlo: los viejos votan con la cabeza no con el corazón. Y quien dice con la cabeza, dice con la cartera. Pretender restarle importancia a la pasta es ingenuo y tal vez hasta malvado. 

Si algún día se llega a acordar un referéndum legal (cosa que nunca será fácil) el asunto del dinero no podrá solaparse y tendrán que debatirse las consecuencias económicas con absoluta transparencia. El dinero es asustadizo. Como las hipersensibles ratas que se apresuran a abandonar el barco ante el más mínimo indicio de inestabilidad.
Chivite en Vocento