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miércoles, 3 de enero de 2018

El tamaño importa cuando se quiere ser atractivo

El 2018 ha empezado, como es costumbre en la televisión pública, con dos personajes mediáticos que se hicieron en Euskadi (Ane Igartiburu y Ramón García) presentando desde la Puerta del Sol la gala de nochevieja.
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Por otra parte, parece que se confirma que el ondarrutarra Kepa Arrizabalaga será el fichaje de invierno del Real Madrid, al que llega proveniente de la cantera del Athletic. Y también parece que el disgusto en San Mamés y en Ibaigane (sede del club) es de pantalón largo.
Sería interminable, la lista de vascos que, atraídos por las mejores oportunidades de Madrid o expulsados por la escasez de ellas allí, andan por aquella villa incómoda, caótica, apresurada, ruidosa e irresistiblemente atractiva tal vez gracias a esos mismos defectos, y a otras virtudes, que también las tiene.
En el mundo televisivo y en el deporte es donde estas mudanzas resultan más visibles, pero desde luego que hay muchas más. Hace poco se conocía el dato de que en los últimos 15 años, Euskadi ha perdido el 45% de sus trabajadores de menos de 35 años de edad, 10 puntos más que el ya altísimo descenso en la población de jóvenes. A algún lugar se habrán ido.
Más allá de los cabreos monumentales que se cogen los hinchas rojiblancos, lo cierto es que en Euskadi sí que existe conciencia de la fragilidad que nos genera la fuerza de atracción de ciudades como Madrid y otras. Puede que a esa certeza contribuya la limitada población vasca ya que solo Bilbao y Vitoria superan en habitantes a Móstoles, Alcalá o Fuenlabrada y cuando no siendo tantos, la gente se va, poco a poco se acaba notando.
El tamaño importa cuando se quiere ser un lugar atractivo, y más en un tiempo en el que la seguridad laboral se ha esfumado. La corriente natural siempre ha discurrido inevitablemente hacia los grandes núcleos urbanos, donde hay más problemas, pero también más posibilidades.