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sábado, 21 de noviembre de 2020

La pornocultura, esa que está centrada en calibrar a ver quién tiene la lengua más grande.

blogs.publico.es

Yo creo que para criticar con fundamento una ley de educación, es necesario aparentar al menos un poquito de educación. Y de eso nunca ha ido sobrada nuestra derechita mediática, callejera y parlamentaria.
Lo estamos viviendo estos días con la ley Celaá, que al parecer va a provocar que los niños de Badajoz y de Almería, dentro de muy pocos años, solo se puedan comunicar en vasco, catalán, gallego y bable. El español está en peligro. Si no detenemos a este gobierno judeomasónico, dentro de nada los 600 millones de hablantes del español que hay en el mundo no podrán volver a comunicar nunca con nadie.
Los mismos que defienden con tanto ahínco el español cuando no gobiernan, son los que recortan en educación y cultura, los que niegan la gratuidad de los libros de texto, los que se resisten a que los niños estudien historia más acá del falso mito don Pelayo.
Uno de los argumentos más divertidos que utiliza esta gentecilla es que el español se habla en todo el mundo y, por ejemplo, el gallego no. Es la pornocultura, centrada en calibrar a ver quién tiene la lengua más grande. Y las más grandes lenguas, incluso en el cunilingüis, solo son útiles si sabes utilizarlas. Y no es el caso de estos señores.