| Soldados israelíes en la Cisjordania ocupada.Mohamad Torokman (REUTERS) elpais.com/opinion/LLuis_Bassets |
Su carácter cada vez más autoritario e iliberal, su gobierno de extrema derecha, mesiánico y supremacista, y su instalación en una guerra perpetua no lo convierten en un lugar atractivo para nadie. Incluso en Estados Unidos, el fiel aliado y protector, las encuestas han detectado el desplome de su prestigio, sobre todo entre los jóvenes, incluso en sectores conservadores y trumpistas.
Por primera vez, el gobierno israelí está perdiendo las batallas propagandísticas, ayudado por las imágenes apocalípticas de la destrucción y las matanzas; el maltrato de su ejército a los prisioneros, incluidos los militantes pro palestinos de las flotillas solidarias apresadas en alta mar; o las terribles noticias sobre la extensión de la tortura y las vejaciones sexuales y violaciones a hombres y mujeres en sus cárceles.
Solo faltaba la recuperación de la pena de muerte exclusivamente para los terroristas palestinos y la perspectiva de un macrojuicio contra los combatientes de Hamás, entre dos y trescientos detenidos que participaron en el ataque Israel el 7 de octubre de 2023, cuya probable ejecución va a alimentar la imagen de un Estado que no quiere paz sino venganza.
Solo faltaba la recuperación de la pena de muerte exclusivamente para los terroristas palestinos y la perspectiva de un macrojuicio contra los combatientes de Hamás, entre dos y trescientos detenidos que participaron en el ataque Israel el 7 de octubre de 2023, cuya probable ejecución va a alimentar la imagen de un Estado que no quiere paz sino venganza.