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viernes, 14 de julio de 2017

Viva la República francesa. Nunca es tarde para liberarse de ambas pesadillas: monarquía y religión.

La Revolución Francesa resultó ser el cambio político más importante que se produjo en Europa a fines del siglo XVIII, sirvió de ejemplo para que otros países siguiesen un camino similar promoviendo la democracia y el laicismo en el mundo. Resultado de un enfrentamiento social y político, que en aquella época sacudió a Francia y otras naciones de Europa, como más tarde ocurrió en España, aunque tengamos que lamentar que aquí terminó tristemente con diferente resultado. 

En ambos estados se enfrentaron el sistema del antiguo régimen, basado en la monarquía absoluta del rey y la religión católica impuesta, versus un nuevo régimen donde la burguesía, y las masas populares fueron la fuerza política dominante. Allí triunfaron y se impuso la Democracia y la Libertad. Aquí triunfaron la tradición, la monarquía y la imposición católica.

Nuestro régimen actual, fruto de la lenta evolución del viejo régimen que asumió cierta transformación para poder seguir gobernando, solo ha podido ser la mezcla de ambos. Ejemplo típico de ello sigue siendo el vigente Concordato con la Religión Católica. 

Es por ello que tenemos que convivir en Democracia con dos de sus amenazas históricas que la han retrasado, cuando no impedido: la monarquía y el catolicismo. Los catorce de julio siempre me pregunto que hubiese sido de España si nuestro camino histórico hubiese ido paralelo a nuestro país vecino. Y termino deduciendo lo mismo: Nunca es tarde para liberarnos de ambas pesadillas.