La laicidad de la sociedad debería de ser aceptada por la ciudadanía en general y las muestras de prácticas religiosas deberían de quedar en los hogares de los creyentes y en sus templos o mezquitas, y no veo necesario que se muestren permanentemente en la calle esas creencias. Así que las procesiones religiosas católicas y los uniformes que muestren la militancia religiosa que se limiten a sus espacios y no nos obliguen al resto a compartirlos en la vida pública.
Dicho esto, además, creo que el burka es un símbolo de sistema de dominación machista a través de la religión musulmana. Por otra parte un partido antifeminista no va a traer la liberación de las mujeres. Y, por supuesto, nada que venga de Vox puede ser aceptado sin darle más de una vuelta.
Si analizamos el tema con tranquilidad, sin mezclarlo con los temas que en estos momentos divide a una sociedad ya dividida en exceso, podría creerse que prohibir que la gente vaya por la calle con la cara tapada, que use el burka o cualquier otro capuchón que impida su reconocimiento, puede ser una decisión política acertada.
Y centrándonos en el tema de esta semana, el de las musulmanas que lo llevan
se me ocurren tres puntos:
se me ocurren tres puntos:






