Hay personas que tropiezan dos y tres veces por una misma piedra.
Luego los hay que a la tercera dan un paso más, para evadirla.
Otra minoridad termina a la primera quitando la piedra para que no tropiece nadie que venga detrás.
Pero si vas a Madrid, verás a muchos "cojos/as" con muletas diciendo que las piedras son libres de estar donde están.

sábado, 3 de julio de 2021

Confuso y triste por la fractura que la 'ley trans' ha abierto en el seno del feminismo.

Creo que somos muchas, muchos los que hemos asistido perplejos, confusos y tristes a la fractura que la 'ley trans' ha abierto en el seno del feminismo, y a la vez en el seno de la izquierda. 

Dos fracturas cruzadas, no superpuestas, que provocaban extraños aliados y no menos extrañas rupturas, y que tienen otras causas más allá de la ley trans. 

Yo dejé de atender a la discusión cuando ya se habían perdido las formas por completo. Me entristecía ver cómo se enfrentaban personas que siento afines y a las que querría tener en el mismo bando. Incluso gente a la que admiro, y a la que no había visto tanta agresividad con otras causas que lo merecían más. 

Creo que somos muchas, muchos, los que hemos sentido incomprensión, rabia y pena por ver cómo quienes antes iban tras la misma pancarta, ahora se entregaban a la descalificación personal, el bulo, el señalamiento y los chistes crueles.

Veo un reconocimiento de algunos derechos para quienes no los tenían, no solo para las personas trans; sin quitar a cambio ningún derecho a nadie ni amenazar los ya existentes. Ni es la discutible ley de máximos que algunas defendían con uñas y dientes, ni es el "borrado de las mujeres" que vaticinaban otras. 

En cuanto a la parte más polémica, la autodeterminación del sexo, me cuesta verla como esa barra libre para abusos fantasmales que algunas temen, pues seguramente se regularán con más detalle los posibles conflictos, y tampoco creo que haya muchos hombres dispuestos a convertirse en mujeres trans (doble discriminación, mujer y trans) solo para beneficiarse de no sé qué privilegios.

Si yo he sentido incomodidad, tristeza o rabia por todos esos bulos, manipulaciones, insultos y chistes, no quiero ni imaginar lo que habrá sido para estas familias directamente afectadas. Merecían otro debate público, otra forma de discrepar, y no verse en medio de ese fuego cruzado. Merecían que la tramitación de la ley hubiese discurrido por otros derroteros. Va todo mi cariño para ellos, y ojalá encuentren alivio en esta ley. 
Solo por eso ya habrá merecido la pena.