A 50 m. Pero ahora todo con montones de basura.
La Gran Vía tampoco se salva de los olores y de la suciedad acumulada.
Pero hete aquí que a veces, en ámbitos distintos de la vida cotidiana, hay excepciones. Y estos últimos días, he estado peleando por conseguir una de ellas.
Me he pasado varios días intentando pasar del positivo al negativo. Y por fin lo he logrado. Me refiero obviamente al test de antígenos.
Y hete aquí que aparece el tenista serbio,
muestra un ego repugnante y chulesco
y reaviva nacionalismos radicales pseudofascistas.
Pero a veces las cosas se encaminan razonablemente bien.
Y aunque hubiese pedido mayor contundencia,
y trato similar al resto de la ciudadanía,
espero que mañana mismo
el serbio se marche sin poder jugar.
Ahora habría que replantearse si todos esos títulos
que se le han otorgado durante su carrera,
como por ejemplo el de representande de UNICEF,
sigue mereciéndolos o no.
En mi opinión, tras el nefasto ejemplo que ha dado, NO.
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En un contexto donde el derecho a la vida está globalmente amenazado por un virus, es evidente que el ejercicio de cualquier libertad implica el contrapeso de la responsabilidad. La libertad sin responsabilidad se ha llamado históricamente tiranía. O libre mercado.
La irresponsabilidad escondida tras la máscara de la independencia.
Sin embargo, no hay legislación que no acompañe el derecho a la libertad del deber de la responsabilidad: de lo contrario sacarse el carnet de conducir podría confundirse con sacarse el carnet de psicópata y competir en las grandes ligas de peatones atropellados.
Por eso hay código de circulación y por eso pagar impuestos por las carreteras es obligatorio además de solidario.
O, mejor dicho, lo de solidario, allá tú.
Porque lo otro es innegociable.
Es hora pues de decir en alto que no vacunarse es una decisión que arremete contra la libertad por cuanto afecta directamente al funcionamiento de los hospitales y, por tanto, compromete el derecho a la salud de los enfermos y cuestiona el derecho a la vida de quienes podrían morir por el virus.
Así las cosas, es probable que llegue el momento de obligar a vacunarse a quienes aún no lo han hecho o presionarles a través del pasaporte covid para que nos les quede otro remedio, que viene a ser lo mismo.
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