Netanyahu se ha lanzado a deslegitimar el proceso electoral israelí,
Es decir, la democracia que él mismo lidera, con una acusación de injerencia que no solo refleja su ya conocida tendencia a cuestionar las instituciones cuando estas no le benefician, sino su desprecio hacia el 20% de la población israelí que es de origen árabe y que en esta ocasión ha votado en masa.
Lo hace después de perder la mayoría parlamentaria en las elecciones celebradas el martes y ante un escenario en el que los partidos árabes israelíes, con un resultado histórico, se han convertido en el potencial árbitro político del país.
Ojalá los partidos israelíes que querían ver a Netanyaju en los tribunales, sean capaces de hablar y acordar entre todos lina alternativa posible.
Netanyahu, ha hecho un llamamiento a que ningún partido llegue a un acuerdo con las formaciones árabes. Algo radicalmente antidemocrático.
La realidad es que el bloque de partidos ultrarreligiosos, nacionalistas y xenófobos que han sostenido a Benjamín Netanyahu ha obtenido 53 diputados y no alcanza la mayoría de 61 escaños en la Knesset nec
esarios para gobernar.















