Trump quiere meter miedo a los españoles.
Y también dividirlos para debilitarlos.
Eso constituye un ataque sin paliativos que, además,
no tiene precedentes entre dos países que son socios
en varias organizaciones internacionales y, sobre todo, en la OTAN.
Ante ese ataque no cabe más que contraatacar.
Con la prudencia necesaria para que el contencioso no vaya más allá,
pero también con la firmeza que merece una agresión inaudita,
más propia de un matón de barrio que del presidente de un gran país.
La suerte del enfrentamiento entre Trump y “España”
depende también del resultado final de la guerra de Irán.
Son muchos los analistas que opinan que las cosas en ese frente
no están yendo como Washington esperaba, y no son pocos,
incluso en los más altos niveles del gobierno norteamericano,
los que creen que el intento puede terminar tan mal
como el de Irak o el Afganistán.
Y también dividirlos para debilitarlos.
Eso constituye un ataque sin paliativos que, además,
no tiene precedentes entre dos países que son socios
en varias organizaciones internacionales y, sobre todo, en la OTAN.
Ante ese ataque no cabe más que contraatacar.
Con la prudencia necesaria para que el contencioso no vaya más allá,
pero también con la firmeza que merece una agresión inaudita,
más propia de un matón de barrio que del presidente de un gran país.
La suerte del enfrentamiento entre Trump y “España”
depende también del resultado final de la guerra de Irán.
Son muchos los analistas que opinan que las cosas en ese frente
no están yendo como Washington esperaba, y no son pocos,
incluso en los más altos niveles del gobierno norteamericano,
los que creen que el intento puede terminar tan mal
como el de Irak o el Afganistán.
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