Dicen los sabios que lo divertido, lo emocionante, lo importante no es llegar a la cima, sino ascender la montaña, no es llegar, que tampoco sabemos a dónde vamos, sino haber vivido la experiencia del amor, del desamor, del esfuerzo, del peligro, del cansancio, de la equivocación, de la satisfacción por las cosas bien hechas y, en definitiva, del estar tranquilo, orgulloso y contento con uno mismo.
Ahora bien, es una satisfacción ambivalente, por un lado la de haber llegado a esta edad, lo cual ya es un triunfo entre tantos problemas que arrastra la humanidad, con tanto "hijoputa" en sus liderazgos y aledaños, pero, por otra parte, también la de pensar que el camino hacia otra cumbre se acorta y se acorta, hasta que ya no haya más años posibles para los sueños y las buenas ambiciones.
Llego pues hoy a una cima, si a esto se le puede llamar al cumplir 68 años de vida, que os recuerdo que de acuerdo con las nuevas y benditas mediciones de la ONU, me colocan dentro de la primera edad adulta, porque ancianos, ancianos, se consideran los que tienen 75 años o más.
Salud, dinero y amor. Es lo que tengo y es lo que necesito para seguir viviendo. Al día de hoy, creo que no dudaré en apartarme del camino cuando no cumpla ciertas condiciones básicas para mí. (Mis allegados ya lo saben).
Y mientras tanto
Carpe Diem
