debería haberse cumplido, en la intimidad y sin ruido mediático,
el 2 de agosto de 2024, fecha para la que estaba programada
su eutanasia después de pasar todos los filtros
y con todas las garantías que contempla la ley.
Pero murió ayer, a los 25 años, ejerciendo su derecho a la muerte digna, con su historia convertida en un asunto público zarandeado por la judicialización y la discusión en los medios a la que su propio padre, que previamente ya le había abandonado, recomendado y apoyado por grupos católicos radicales decidió boicotear la decisión tomada por su hija.
Qué asco dan los que ni viven felices, porque son unos amargados
ni dejan vivir a los que gozan de la vida pero pretenden joder
y ni se mueren, porque les acojona sus propias teorías
ni dejan morir dignamente a los que así lo deciden.
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