Parece ser que estamos en tiempos de destrucción: Gaza, Siria, Cisjordania, Líbano, Irán; en tiempos donde se tergiversan los Derechos Humanos Universales: rapto del presidente Maduro, asesinatos selectivos, invasión de países, apropiaciones contra ley; en tiempos donde se elige como presidente del país a personajillos de cuarta categoría con unos currículos que dan espanto en lo académico y en lo moral. Mediocres con poder, los más peligrosos. Lo más trágico, que han sido votados por personas. Y como colofón, ausencia de la ONU, ausencia de reglas universales.
No estamos en tiempos de poesía, no, sino de adoración del dinero mercader, vale quien tiene. Pero me pregunto, si poco vale la poesía, si no sirve para nada, por qué cuando se da un golpe de Estado alterando violentamente el orden jurídico, los primeros que son eliminados son los poetas: Lorca, Antonio Machado, Miguel Hernández, Marcos Ana, Víctor Jara, Pablo Neruda más otros muchos que se tuvieron que exiliar. Gran delito. Los primeros que desaparecen son los símbolos que representan unas ideas.
Hablemos hoy de Federico, asesinado en el barranco de Viznar aquel día en que en España se quiso matar la poesía. Era un hombre profundamente solidario con los más humildes, llevaba su compañía La Barraca ofreciendo teatro clásico y cine por pueblos remotos, no era político, no era dirigente político, no era nada extremista y era un hombre completamente entregado a la cultura: poesía, teatro, prosa, música. Todo lo que tocaba lo convertía en oro poético. ¿Por qué lo mataron? ¿Para qué? No se puede entender que hoy día, sin pedir viejas cuentas, haya alguien (que los hay) que se oponga a que se dé digna sepultura a todos, incluido Federico. ¿Qué razón se puede aducir para no querer hermanarnos? Pobres quienes así piensan.
Hace noventa años de aquel triste suceso, y hay recordatorios que deberían celebrarse con mayúsculas.
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