UN párroco navarro abogó esta misma semana abiertamente por el uso de la fuerza militar contra Marruecos, llegó a plantear un «fuego masivo» y el bombardeo de Rabat. Parece una broma, pero no lo es.
En varias publicaciones en redes sociales lanzó mensajes incendiarios: «Nuestra Señora de África, patrona de Ceuta, impulse la reconquista de Marruecos y su conversión al cristianismo. Lo que la reina Isabel la Católica dejó sin hacer, lo sepamos terminar».
Aizpún defiende en sus mensajes la necesidad de recuperar la «España eterna» tomando como referencia la Hispania Romana. Bajo este marco conceptual, sostiene que España debe tomar el control del norte de Marruecos (territorio al que califica de «nuestra tierra») y expulsar a la población árabe, a la que tilda de «colonizadores».
Asimismo, ha propuesto acciones militares concretas, asegurando que ante una eventual Marcha Verde la respuesta española debería contemplar abrir «fuego masivo contra los invasores de Ceuta y bombardeo de Rabat».
Que haya un chalado que piense así, a estas alturas no me extraña. Pero lo que sí me parece terrible es que la organización de la que vive haga oídos sordos y no diga nada. Ni condene sus palabras, ni le recrimine públicamente por lo expresado. Cuando un sacerdote con su uniforme puesto dice esas cosas, se puede entender que habla en nombre de lo que representa. Y eso, si no se le contradice, ni no hay nadie que diga que sus palabras están en el polo opuesto a lo que representa la Iglesia, podemos creer que el problema es mayor de lo que parece, ni está tan solo, ni es el único que piensa así..