Ya hay quienes están considerando leyes para restringir el acceso a redes sociales para menores de 16 años, medidas que son una respuesta discutible a la falta de educación digital de nuestro alumnado, así como de parte de nuestro profesorado.
Mientras que algunos educadores vemos este tipo de tecnologías como unas herramientas valiosas para el aprendizaje, otros consideran que su uso solo puede convertirse en un problema. Sobre todo si no se sabe enseñar cómo utilizarlas, en qué momento ni de qué manera.
Prohibirlas ahora es como hacer barreras de arena cuando sube la marea. Se pueden prohibir su uso en las aulas, y volver a la tiza y la pizarra, pero fuera del aula serán instrumentos imprescindibles para el alumnado en su vida cotidiana.
El debate es antiguo. He sido "responsable de Nuevas Tecnologías" en un instituto y conozco las reacciones del profesorado, sobre todo de cierta edad, ante propuestas de compaginar metodologías más tradicionales con este tipo de herramientas. No se trata de sustituir el bolígrafo y el papel por el teclado y la pantalla. Pero tampoco lo contrario. Saber utilizarla ya, en nuestros días, es imprescindible para nuestro alumnado en sus diferentes niveles.
Además, solo a través de estas nuevas herramientas sabremos enseñar también en la utilización adecuada, saludable y razonable de la mal llamada "inteligencia artificial",
La educación del futuro debe ser una combinación de tradición y modernidad, donde la tecnología se utilice como una herramienta para enriquecer el aprendizaje, pero sin olvidar la importancia del docente como guía
En definitiva, lo fácil es prohibir. Lo complicado es organizarlo bien.