El 12 de octubre de hace ahora 90 años, en el convulso 1936, un veterano intelectual vasco, Unamuno, tuvo los arrestos suficientes para enfrentarse dialécticamente, con los argumentos de la razón y en un templo del pensamiento, la Universidad de Salamanca, a los bárbaros e intransigentes de entonces. (Verión carca de PP-Vox).
El tiempo es circular. Vivimos a nivel global momentos revueltos, agresivos, bélicos, en los que peligran no solo los derechos sino hasta las esperanzas.
Algunos de los líderes más importantes del mundo son personajillos estrafalarios, sin moral ni principios, carentes de humanidad. Para conseguir sus objetivos se valdrán de la disuasión, si es posible; del engaño, si es necesario, y de la fuerza, si no queda otro remedio.
Les resultan claves la intoxicación de las redes sociales, el control de los medios de comunicación y de las instituciones del Estado, la eliminación de avances sociales como la educación y la sanidad universales y la sumisión generalizada.
Pueden dar la impresión de vencer, pero nunca lo harán, porque vencer es mantener la victoria en el tiempo y no lo van a lograr. Tampoco convencerán, porque la ausencia de principios, de respeto, de democracia no aporta nada a la construcción de un auténtico ser humano.
Aunque Unamuno, cuando tuvo enfrente a los fanáticos de su época –como indicaba al principio– les dijo valientemente que vencerán porque tienen la fuerza bruta pero que no convencerán porque no tienen la razón; apelando a la esperanza y al legado del ilustre bilbaíno, nos atrevemos a vaticinar que los actuales bárbaros ni vencerán ni convencerán.