Después de una etapa inusualmente progresista en países como Chile y Colombia, las últimas elecciones celebradas en la región apuntan hacia un giro a la derecha.
No en vano, después de la era de Gabriel Boric, la presidencia chilena vuelve a estar en manos de un conservador, José Antonio Kast, y algo parecido se prevé que suceda también hoy en la cúpula del poder colombiano, donde Gustavo Petro ha sido el primer gobernante de izquierda del país.
Pero, tras la victoria contra pronóstico en la primera ronda de las presidenciales colombianas, el ultraderechista Abelardo de la Espriella se perfila ahora como favorito para la votación en la que se decidirá el cargo este domingo.
Cuando el problema principal en tu vida es la seguridad, poder salir a la calle, tú o tu familia, sin miedo a que te roben o extorsionen, cuando la elección está entre seguridad o democracia, dilema al que a la extrema derecha le encanta llegar, la gente elige seguridad, aunque desaparezca la democracia y con ella, la posibilidad de potenciar la educación, la salud pública y la dignidad en el trabajo.
Lo doblemente triste es sospechar que primero la extrema derecha potencia la sensación de inseguridad, para meter el miedo en el cuerpo al votante y se vean obligados a elegirles como única solución posible.
Ojalá los colombianos no caigan hoy en esa trampa.