Han pasado 90 años del 18 de julio de 1936. Nada que celebrar.
Mucho que recordar, reflexionar, lamentar y pensar.
Y mucho que hacer para impedir que se repita.
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viernes, 17 de agosto de 2012

35-Huida al norte

Cada día laborable
un capítulo (35/35)

         La  soleada mañana  de Septiembre animó a Pedro a desayunar en la terraza de su casa de Matiko, entre alegrías rojas, geranios blancos, unas flores rosas cuyo nombre desconocía y su mandarino. Se asomó a la gruesa balaustrada de cemento y observó los tejados gastados por el paso del tiempo y, al fondo, las cercanas cimas de los montes que bordean la ciudad por el suroeste. Artxanda era el Norte, a su espalda. El mar no indicaba exactamente ese punto geográfico. Había que buscarlo girando unos pocos grados hacia la derecha.

         Mojó un par de galletas en su café. Sus desayunos eran frugales, demasiado según las recomendaciones de los dietistas, pero él no podía, nunca había podido, comerse varias tostadas, piezas de fruta, beberse un generoso zumo de naranja y una taza de café caliente. Él se quedaba exclusivamente con esta última. Y solía acompañarse con unas galletas, un par, poco más. Eso sí, las galletas las escogía. Le encantaban las Chiquilín de Ártiach, desde niño.

jueves, 16 de agosto de 2012

34-Huida al norte

Cada día laborable
un capítulo (34/35)

         Pedro esperaba impaciente frente a la puerta del café Iruña donde había quedado con Irene a las nueve, media hora antes de que empezara el concierto. Estaba nervioso. Era en muchos años su primera cita con una mujer a la que, sin dinero por medio, quería agradar y conquistar. Había algo en esa mujer, mezcla de pena, resignación y deseos de venganza que le gustaba. Su mirada cobraba brillos distintos cuando hablaba de su familia, de su hijo y de su marido. Al hablar del primero se mantenía al borde de las lágrimas. En cambio, nada más citar la existencia de su marido una desapacible intensidad se adueñaba de  sus ojos claros. 

         Con cinco minutos de retraso vio acercarse a Irene por la calle Berastegi. Llevaba una chamarra de cuero negra, de aspecto juvenil y que llegaba hasta la cintura, un jersey de cuello alto negro y una falda con tonos grises y verdes que no ocultaba las rodillas. Las piernas iban protegidas con unas medias negras y unas largas botas del mismo color y con un moderado tacón. Estaba muy guapa. Irene era una mujer guapa. Ella lo sabía y conocía perfectamente la manera de resaltar sus rasgos.

miércoles, 15 de agosto de 2012

33-Huida al norte

Cada día laborable
un capítulo (33/35)

         Me encontré con Pedro la mañana del viernes dieciséis de Septiembre. Recuerdo la fecha con exactitud porque el dieciséis de Septiembre, muchos años atrás, fue una fecha importante para mí. Quizás en otra ocasión os comente lo que sucedió aquel lejano día de finales del verano de 1975. Pero en esta ocasión mi interés se centra en Pedro y sus amigos.

         Yo estaba leyendo el periódico en una cafetería de la Gran Vía, atestada de mujeres que esperaban la apertura del Corte Inglés, cuya puerta principal se encuentra justo enfrente del establecimiento donde degustaba mi café con leche y un acaramelado croissant. Entonces me saludó Pedro.

-He entrado a tomar un cortado solitario y, buscando un sitio en la barra, te he encontrado aquí. ¿Te importa que me siente contigo?

martes, 14 de agosto de 2012

32-Huida al norte

Cada día laborable
un capítulo (32/35)
Nordin y Robert habían decidido restaurar las cenas de Iturribide lo más pronto posible. Y la primera fecha posible fue el quince de Septiembre, un jueves  caluroso y tranquilo de finales de verano. La víspera se juntaron en la trastienda  y confeccionaron la lista de invitados. Algunos eran nuevos. La mayoría de ellos. Sólo repetían el mismo Pedro, que se apuntaba siempre que le permitieran pagar como cualquier otro comensal, Julen y una pareja de homosexuales madrileños que Nordin conoció años atrás en la noche bilbaína, antaño más animada, y que ya habían degustado los platos afro americanos en otras dos ocasiones anteriores. Los demás eran nuevos. Amigos y compañeros de Julen, americanos de paso en la ciudad y que habían conocido a Robert en el Residence, y el vecino del quinto. Cuando compartieron cervezas, secretos matrimoniales y derrotas vitales diez días antes Pedro le invitó con la intención de aliviar las penas de su compañero de cañas.  A Nordin y a Robert les pareció divertido que quien tenía encomendado descubrir que eran ellos quienes habían chantajeado al abogado se sentara en una de las mesas de la trastienda a cenar en su compañía.

lunes, 13 de agosto de 2012

31-Huida al norte

Cada día laborable
un capítulo (31/35)
Con la proximidad del otoño la vida cultural bilbaína volvió a ser la que Pedro conoció unos meses atrás. En el museo de bellas artes estaba anunciada una exposición retrospectiva de la obra de Antonio Muñoz. En el Gugghengeim Serra exponía varias obras inéditas. Pronto comenzaría el festival de cultura urbana Jet Lag y estaban programados varios conciertos interesantes en las salas de la ciudad. Pedro reparó en uno de ellos: Ian Anderson, líder y cantante de Jethro Tull iba a tocar en la sala BBK. Fue el grupo favorito de Pedro  en sus años jóvenes. En una ocasión pudo ver una actuación suya en San Sebastián , cuando el grupo estaba en la cresta de la ola, recién editado su álbum “Songs from the wood”. Sería un reencuentro. Hacía mucho que no escuchaba sus canciones. Vio un cartel anunciando el concierto un sábado a las doce del mediodía y media hora más tarde consiguió la entrada en uno de los cajeros automáticos de la entidad bancaria promotora del evento. Consiguió un asiento en la primera fila.

viernes, 10 de agosto de 2012

30-Huida al norte

Cada día laborable
un capítulo (30/35)

Llegó el ansiado Septiembre. Todo volvió a la normalidad. Nordin abrió su rincón de Iturribide y Robert comenzó a dar sus clases de inglés por las mañanas y a tocar la guitarra allá donde le invitaran a cerveza por las tardes. Se juntaron el día cinco, el primer jueves del mes. Robert les mandó un SMS convocándoles a un encuentro en la trastienda secreta de la tienda de Nordin.

Pedro se encontró a sus dos amigos riéndose a carcajadas en torno a una litrona de cerveza.

-¡Hombre, Pedro! ¿Cómo ha ido ese verano? –le saludaron al unísono.

-Sin novedades. Me he dedicado a hacer turismo por la ciudad y por la costa.

-¿Cómo te has movido?

-He alquilado un coche varios días. Bien. ¿Y vosotros?

miércoles, 8 de agosto de 2012

28-Huida al norte

Cada día laborable
un capítulo (28/35)

         Llegó el mes de Julio. El tiempo no era bueno. Llovía a menudo y el sol no conseguía adueñarse de un cielo que permanecía demasiado nublado. No parecía verano. Pedro no estaba acostumbrado a veranos nublados y lluviosos. Los bilbaínos tampoco estaban contentos con la insistente lluvia que no les permitía acercarse a las vecinas playas y darse un baño una vez terminadas sus jornadas laborales. Del trabajo a casa, y ver caer agua desde las ventanas.

         Pedro no era un entusiasta de la playa. Lo que le fastidiaba era no poder salir a la calle, sentarse en un banco y tomar el sol mientras hojeaba algún libro. Los primeros días del mes aprovechó las contadas treguas concedidas por las copiosas lluvias para salir a correr y a pasear. Subió a Artxanda en un par de ocasiones y anduvo hacia el Vivero, disfrutando de las vistas que se extendían a ambos lados del camino. Veía las montañas del Duranguesado al fondo, la curvada cima del Gorbea, el Ganekogorta, que arranca en el mismo borde de la ciudad y alcanza los mil metros de altura, con una cima que parece una ola verde modelada por el viento. Y al otro lado el Txorierri, sus pueblos, el aeropuerto y, junto a Getxo, el mar.

martes, 7 de agosto de 2012

27-Huida al norte

Cada día laborable
un capítulo (27/35)
El día treinta de Junio fue jueves. Lamikiz pagó la cantidad estipulada antes de entrar en el trabajo. Todavía no le había dicho a su amante que le estaban chantajeando. No quería decírselo. Lo que sí le había comentado era que tenían que andar con cuidado porque su mujer había empezado a sospechar algo. 


Lamikiz quería seguir encontrándose con su secretaria. No quería  renunciar a acostarse con esa joven fogosa de pechos hermosos y trasero formidable. Pero tampoco quería tener que pagar al chantajista todos los meses los dos mil euros que éste parecía haber estipulado. 


No quería permanecer sin hacer nada hasta que recibiera la próxima carta, con fotos nuevas o sin ellas. Era evidente que quien le pedía el dinero tenía muchas fotografías y había encontrado una mina que no quería abandonar. Conseguía un sueldo mensual a cambio de una amenaza escrita. Rentable.

lunes, 6 de agosto de 2012

26-Huida al norte

Cada día laborable
un capítulo (26/35)

Mayo pasó dejando paso a un primaveral mes de junio, antesala de un verano que no iba a parecerse a ninguno de los períodos estivales vividos anteriormente por Pedro. Jubilado, el verano sería como la primavera, tres meses de lectura, de carreras y de cervezas, con los días nublados e incluso lluviosos, propios del estío vasco, pero, por primera vez en muchos años, sin planes vacacionales. No tenía pensado ningún viaje ni ganas de hacerlo. Anteriormente los programaba con mucha antelación, para empezar a viajar en mayo, leyendo y releyendo guías turísticas y novelas ubicadas en escenarios que posteriormente visitaría junto a Julia.

         Durante las vacaciones de verano era cuando más a gusto habían estado juntos. Porque Julia siempre había sido una persona de convivencia fácil, con la que ya había adquirido multitud de acuerdos no firmados sobre el día a día, sobre las tareas hogareñas, sobre las maneras de visitar ciudades, sobre los restaurantes en los que comer, sobre los museos que visitar. Era fácil viajar con Julia.

viernes, 3 de agosto de 2012

25-Huida al norte

Cada día laborable
un capítulo (25/35)

El sábado acabó en borrachera. Primero fue un café, luego varias copas de vermut, más tarde una comida en el restaurante oriental de la calle Ibáñez de Bilbao regada abundantemente con vino rosado Peñascal, a continuación un par de cubatas sentados en una de las terrazas de la calle Diputación y para terminar un montón de whisky en el Residence. Habían cobrado 2000 euros y no faltaba el dinero. Nordin decidió que por trescientos euros menos no iba a cambiar mucho el estado de su maltrecha economía.

         Por esa razón fue imposible madrugar el domingo. A Pedro le dolía la cabeza. Se levantó a orinar a las ocho de la mañana, después de haber dormido seis horas seguidas, y volvió a acostarse confiando en recuperar el sueño y olvidar la resaca que le pesaba más de la cuenta. Pero le costó volverse a dormir. Buscó acomodo en la almohada, se puso de lado, hacia arriba, hacia abajo, pero el dolor de cabeza seguía presente impidiéndole conciliar de nuevo el sueño.

jueves, 2 de agosto de 2012

24-Huida al norte

Cada día laborable
un capítulo (24/35)

El sábado amaneció plomizo. Robert se asomó a la ventana de su habitación y se temió lo peor: lluvia. Había vuelto a casa tarde, tras un amoroso encuentro con una joven vasca que conoció semanas atrás en el Residence. El Residence era una fuente inagotable de ligues pasajeros para el americano.

         Mientras desayunaba varias tostadas de pan con mermelada y miel hizo recuento de sus amores en tierras americanas. En Nueva York vivió sus amores más entregados, no en vano fueron los primeros. Recordó a la compañera de Instituto con la que se estrenó. No le gustaba aquella chica, simplemente se puso a tiro y el necesitaba experimentar ese placer que alguno de sus amigos calificaban como incomparable. A pesar de sus urgencias Robert trató bien a aquella chica, tanto en la primera ocasión en la que se acostaron juntos como en las siguientes. Nunca se prometieron nada, aunque la rubita hubiese pagado por continuar entregándose en las manos de Robert. En aquel entonces era un apuesto adolescente de dieciséis años, con una seductora melena rubia, unos discretos ojos azules y la sonrisa más encantadora del Instituto.

miércoles, 1 de agosto de 2012

23-Huida al norte

Cada día laborable
un capítulo (23/35)

La redacción de la nota corrió a cargo de Pedro. La escribió a las ocho de la mañana del viernes, después de haber desayunado y observado la marcha de su vecina desde la terraza. Confirmó su condición de viejo verde y se sentó frente al pequeño ordenador portátil. Y escribió:

Estimado señor Lamikiz:

Le remito esta carta para proponerle que el próximo sábado veintiocho de mayo, es decir, mañana, acuda a la parte trasera del hotel Melia de Bilbao,  junto a la escultura de Verdi, a las diez de la mañana, con un sobre en el que haya 2000 euros. Allí se encontrará con una persona que lo recogerá. A cambio yo no enviaré otra copia de esta foto ni otras muchas que poseo a su mujer. Creo que es una propuesta interesante y justa. Le espero a las diez de la mañana.

Un saludo afectuoso.

martes, 31 de julio de 2012

22-Huida al norte

Cada día laborable
un capítulo (22/35)

Pedro se despertó el jueves a las siete y pico, como todos los días, a pesar de que habían decidido cambiar los horarios de vigilancia frente al despacho de Lamikiz. Sin embargo el peso de la costumbre le agitó y abrió los ojos al mismo tiempo que los primeros rayos de sol se colaron por la ventana de su dormitorio. No le importó haberse despertado tan temprano. Le gustaban las mañanas. Y le gustaba seguir a su vecina hasta el portal de Licenciado Pozas donde trabajaba. Ese día no iba a seguirla, no quería obsesionarse, pero decidió asomarse al balcón pasadas las siete y media para verla alejarse rumbo a la calle El Cristo.

Preparó la cafetera, esperó impaciente, se puso una taza y con el café humeante salió a la terraza y se asomó a la gruesa balaustrada de cemento para observar la salida de la vecina del quinto. Y no se hizo esperar. Con su espesa cabellera digna de un anuncio de champús y acondicionadores de pelo, con un meneo de caderas propio de una reina de las pasarelas de moda, luciendo un ligero vestido de tonos rosas y una rebeca negra, sobre unos finos zapatos de alto tacón, desfiló hasta perderse de vista ante la atenta mirada de su vecino del sexto.

lunes, 30 de julio de 2012

21-Huida al norte

Cada día laborable
un capítulo (21/35)

El miércoles comenzó el día igual que lo hizo el martes. Despertador, café, ducha y a la calle. Pedro compró una vez más el Correo, se quedó esperando en la acera de enfrente y en cuanto salió la vecina caminó tras ella hasta la puerta del despacho. Ese miércoles la secretaria de Lamikiz salió aún más atractiva que el día anterior. Un ceñido pantalón vaquero, unos zapatos con tacón de aguja, una ceñida camiseta de colores y una chaqueta de cuero negro. La mañana había amanecido más fresca.

         Pedro volvió a disfrutar de los veinte minutos de persecución llegando a temer que si repetía muchos días esa tarea de espionaje iba a quedarse obsesionado con la imagen de esa mujer de andar ágil, melena al viento y trasero admirable. Sus pensamientos cambiaron cuando vio llegar al abogado, fiel a su impuntualidad. Después continuó su rutina: café y croissant en la cafetería del hotel hasta la llegada de Nordin. Demasiadas horas ahí metido.

viernes, 27 de julio de 2012

20-Huida al norte

Cada día laborable
un capítulo (20/35)

Cuando Julen llegó a las cercanías del Instituto el miércoles a las nueve menos veinte de la mañana pudo ver un grupito de profesores en la acera, conversando y señalando lugares en la pared del centro. Entre ellos estaban la directora y el jefe de estudios. Julen se unió al grupo.

-¿Qué es lo que ha pasado? –preguntó a uno de los compañeros allí presente.

-Algún chaval se ha quedado consolado esta noche. Ha escrito cuatro veces el mismo mensaje por todas partes, para que todo el mundo se entere: “Rafa es un  pederasta”. –Rafa era el jefe de estudios. –En negro, para que se lea bien, y grande, para que los miopes también lo vean.

jueves, 26 de julio de 2012

19-Huida al norte

Cada día laborable
un capítulo (19/35)

         Segundo día de espionaje. Pedro se levantó a las siete, como casi todos los días. Preparó la cafetera y bebió un trago de zumo de naranja mientras esperaba al café. Le gustaba aquel zumo  preparado que le había dado Nordin días atrás. Lo compró en un supermercado alemán, ALDI, que está en una zona comercial fuera de la ciudad. Se necesita un coche para ir hasta allí, aunque según le dijo su amigo hay una estación de metro a trescientos o cuatrocientos metros. Demasiados metros para cargar con un montón de kilos. Su espalda no estaba para excesos.

         Un nuevo día primaveral se anunciaba. Las flores de la terraza, a la que se asomó, lucían su mejor aspecto. Pedro estaba muy orgulloso de lo acogedora y alegre que le había quedado su pequeña terraza. Con unas pocas plantas y esa hamaca verde había conseguido crear un rincón especial.

miércoles, 25 de julio de 2012

18-Huida al norte

Cada día laborable
un capítulo (18/35)

Los turnos los habían establecido el viernes mientras bebían los vermouth tras haber seguido a Lamikiz hasta la puerta de los juzgados.  A Pedro le había tocado el primer turno. Nordin era demasiado dormilón y Robert tenía que dar alguna clase tempranera. No le importó. Siempre se despertaba temprano. A las nueve abrían el despacho, así que llegó un rato antes para comprobar que el abogado cumplía el horario que anunciaban en la página web del despacho.

         Eran las nueve menos cuarto. Pedro se quedó frente a la puerta del inmueble, al otro lado de la calle, y empezó a hojear el Correo. El Athletic había ganado y se asentaba en puestos europeos. Los bilbaínos estaban contentos, aunque, inexplicablemente, muchas voces se alzaban contra la labor del entrenador. Pedro, por lo poco que les conocía gracias a las cenas de los jueves donde había compartido mesa con algunos seguidores del equipo de fútbol bilbaíno y las conversaciones que escuchaba al caminar por la calle o al beber solitarias cervezas  y cafés en los bares de la ciudad, pensaba que la gente de Bilbao estaba convencida de que lo propio era mejor que lo que realmente era, desde el ambiente de sus calles hasta su equipo de fútbol. Pero claro, nunca se había atrevido a decirlo. Él era un madrileño recién llegado y no podía opinar.

martes, 24 de julio de 2012

17-Huida al norte

Cada día laborable
un capítulo (17/35)
         
Pedro abrió los ojos antes de que el reloj digital de su mesilla marcara las ocho de la mañana. Había dormido maravillosamente. La noche del viernes disfrutó de una película en la que Robert de Niro interpreta a un policía de éxito que dedica parte de su tiempo a publicitar su trabajo y sus éxitos en la televisión. Desgraciadamente para Pedro, fiel fanático de la obra del actor italo americano, los malos matan al héroe demasiado pronto, y el interés del film decrece enteros al desaparecer De Niro, quien se vacía en la última escena en la que aparece, defendiéndose como un león del ataque de sus asesinos, atado a una silla y tras haber sido brutalmente golpeado. Muere, como hace en otras tantas películas, y la historia muere con él. Y tanta muerte depositó a Pedro en los brazos de Morfeo.


lunes, 23 de julio de 2012

16-Huida al norte

Cada día laborable
un capítulo (16/35)

La noche del jueves acabó de muy diferentes maneras. Mientras Pedro se retiró acompañado de la joven Domiciana, Julen hubo de ser acompañado hasta casa por Robert y Nordin. Bebió demasiado y los cubatas le pasaron factura. Antes de que acabara la fiesta se tumbó en el sofá que ocupaba uno de los rincones del restaurante secreto y   se quedó dormido hasta que Nordin le despertó.

-¡Julen!  Tienes que irte a casa.

         Le dejaron en el portal. Julen llegó lo más sigilosamente posible hasta su cuarto, se despojó de su ropa de calle, se puso el pijama y se durmió. Consiguió no despertar a su mujer, que ajena al estado de su marido, continuó durmiendo plácidamente agarrando con sus dos manos la almohada y escondiendo su cabeza bajo la protección de un cálido edredón.

viernes, 20 de julio de 2012

15-Huida al norte

Cada día laborable
un capítulo (15/35)

Robert estaba encendiendo el horno para colocar las costillas que esa noche iban a constituir el plato principal de la cena mientras Nordin preparaba las mesas. Iban a ser nuevamente doce comensales. Hoy vendrían cuatro guardias municipales, el que vino el día anterior con otros tres compañeros, dos parejas de homosexuales conocidos de Koldo, la brasileña y una amiga suya de la misma nacionalidad, un americano recién llegado a la ciudad que había conocido a Robert unos días atrás en el Residence y Pedro. El negocio marchaba bastante bien. Si conseguían reunir una docena de comensales todas las semanas, entre cenas y copas, ganarían más de trescientos euros cada jueves, lo cual, dado el maltrecho estado de las economías de los dos amigos, era un ingreso que se agradecía. La gente que había pasado ya por la trastienda de Iturribide parecía haber acabado contenta y todos ellos habían pedido nuevas reservas para volver en compañía de otros compañeros o amigos. Les gustó el ambiente, la comida, las canciones del americano, las copas. Era una manera especial, diferente y divertida de anunciar la llegada del fin de semana, de terminar la jornada del jueves.

         Eran las ocho menos cuarto de la noche cuando sonó el timbre de la puerta.