Han pasado 90 años del 18 de julio de 1936. Nada que celebrar.
Mucho que recordar, reflexionar, lamentar y pensar.
Y mucho que hacer para impedir que se repita.

martes, 7 de julio de 2026

Arrancan los encierros.
Sigo con mis contradicciones y los veo diariamente.

Las contradicciones en las que caemos cada uno de nosotros a lo largo de nuestras vidas cotidianas, unos las reconocemos y otros no, las vivo también en estos días de fiestas en Pamplona/Iruña cada mañana, a las 8, sentado delante de la tele.

No soy un aficionado a la Fiesta; esto es, a mí no se me ocurre ir a los toros a Madrid ni Sevilla, ni tampoco pagar un huevo en la reventa para tratar de ver a José Tomás allá donde se le ocurra torear al hombre. Ni por el forro. La razón es muy simple: a mi las corridas en general me aburren, o sea que no soy un taurino ni de lejos.

Me aclaro: no es que sienta horror como dicen los antitaurinos al ver como se torturan los animales para solaz del público en general (quizás porque me he acostumbrado a ello), sino que simplemente porque no me atraen y tampoco me parece bien maltratar animales por gusto del populacho. 

Simplemente, me gusta ver los encierros, los peligros innecesarios que corren algunos, trasladarlo a otras situaciones en la vida y filosofar sobre el tema. Y otra cosa, ya se lo complejo que es este país. Pero una cosa son contradicciones como las mias y otra decir una cosa en Bilbao y otra en Iruña, como hacen, por ejemplo, varios partidos políticos vascos hablando sobre el tema. 



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