Ferran Torres, para la prensa que necesita de individualidades a pesar de hablar de equipo y trabajo en común, se ha convertido en el héroe griego de la selección española, pero, a diferencia del Ulises de Nolan, se quitó importancia nada más terminar el partido.
Habló de Dios, y a punto estuvo de atribuirle el gol que bravamente había marcado. Era el Dios de los católicos, claro, no un Zeus cualquiera.
Su alegato, aunque sonaba medieval, era también muy contemporáneo y apuntaba a una paradoja:
¿cómo se pueden celebrar a la vez el individualismo de Ferran y la gratitud a la divina providencia de los héroes futbolísticos?
elpais.com/opinion/sergio-del-molinoDe su estúpida frase, me queda una duda:
Si Dios da las cosas a los mas merecedores,
se supone que se las quita a los que menos se las merecen.
¡Claro!